lunes, 13 de octubre de 2014

La diplomacia mexicana durante la Segunda Guerra Mundial

Trabajo intelectual

Los refugiados italianos, alemanes, austriacos, etcétera, eran hombres de todas las actividades, pero principalmente intelectuales, enemigos lógicos de Mussolini y Hitler, y sus gobiernos totalitarios. Entonces pensamos, ¿por qué no aprovechar a estas personas para un trabajo de investigación que era tan necesario hacer? Hubiera sido una falta de sentido común no hacerlo. Entramos, en consecuencia, en relación con todas esas personas. Nos propusimos reunir datos para estudiar la situación en todos los sectores involucrados en la guerra. Para ello tuve la suerte de contar con una valerosa ayuda de hombres de prestigio intelectual. Se formuló un proyecto para establecer, situar y esclarecer la situación política, económica y militar de Europa. Me fue posible reunir una gran cantidad de datos hasta darle proporciones de un libro.

Los espías de la misión

Otra situación que se presentó, y que fue digna de estudio, se refería a que éramos objeto de vigilancia, de espionaje. La actividad de la Gestapo se sentía de una manera pesada, así como el espionaje de la policía de Vichy y de todos los órganos del gobierno de Vichy en coordinación con la Gestapo. Además, la policía española mantuvo ahí sus agentes para vigilar los pasos de los españoles refugiados en Francia y bajo la protección de México. Entonces se abordó una investigación referente al espionaje y la quinta columna. Con tantos datos, fue necesario dedicar horas de trabajo, con colaboraciones may importantes de españoles y franceses. Trabajamos en eso y recopilamos notas que aún ahora estamos pasando en limpio, con el fin de formar un volumen.

Trabajo interesante, porque contemplaba el espionaje en un plano general, de los países totalitarios y de cada uno de los otros países europeos. Toda su organización, sus manifestaciones y su acción en la guerra misma. El estudio del espionaje se extiende a los Estados Unidos, a México, a toda la América Latina. Es una aportación de datos que costó mucho trabajo.

En el edificio que ocupábamos en Marsella se instalaron, ocupando la parte superior, las oficinas consulares japonesas, y hacían buen espionaje de todos nuestros actos. La gente que llegaba a nuestro consulado estaba bajo los ojos de estos señores. En una ocasión alguien denunció ante las autoridades de Vichy que al albergue del castillo de la Reynarde llegaban paracaidistas ingleses y que era un campo de acción de la Resistencia.

El prefecto de Marsella me dijo: "Oiga usted, llegó un enviado de Vichy que quiere visitar el castillo de la Reynarde. Usted me dice cuándo y a qué horas". Le respondí: "Inmediatamente, porque eso debe obedecer a alguna investigación". En el acto llevamos a ese señor a que viera cómo funcionaba todo. Le mostramos el tarjetero de los españoles internados. Vio que había organización y que todo el mundo trabajaba con la única esperanza de salir para México.

El periodista español Galipienzo publicó un trabajo intituladoSomos. Folleto ilustrado, muy amplio, respecto de la vida de los albergues y con las opiniones que mereció para algunas personas su organización.
El espionaje era una preocupación importante para el consulado. Había que estar muy alertas, porque cuando se trató de auxiliar a los miembros de las brigadas internacionales se presentaron espías alemanes. Eran éstos originarios de la frontera de Alsacia y la Lorena y hablaban un buen francés. Se presentaban con su documentación irreprochable. Y pedían el auxilio de México para su supuesta salida de Francia; su propósito era incorporarse al grupo de refugiados para espiarlos. Pudimos defendernos. Regularmente los espías alemanes llegaban en pareja, se vigilaban uno al otro, se cuidaban. A veces sabíamos quiénes eran, tenían aspecto semejante al tipo francés y hablando el idioma sin acento, con el acento de un francés de París; había que cuidarse.

Cuando se dieron cuenta de que en parejas no tenían éxito, se valieron de muchos recursos. Se presentaron dos o tres, separados. Se dio el caso de uno de ellos que traía un estudio sobre México muy completo, ilustrado con mapas, encuadernado, pidiendo que se le auxiliara como fugitivo para viajar a México. Pero perdió la figura, porque al despedirse dio el taconazo y se denunció como soldado alemán.

Tuve muchas otras tentativas de espías que aparentaban la necesidad de venir a México. Hubo un espía alemán a quien me negué a documentar, pero que quién sabe por qué artes llegó a México. Lo encontré con derecho de picaporte al despacho del licenciado Ezequiel Padilla. Cuando regresé a México había aquí espías hábiles, agentes muy bien aleccionados, técnicamente muy bien preparados. Por ejemplo, ese señor hablando español y con acceso a las altas oficinas de gobierno.

La ayuda de civiles franceses

Para otro tipo de gestiones en los campos de refugiados españoles nosotros tuvimos el concurso, dentro del gobierno de Vichy, de ciertos patriotas franceses que nos ayudaban, sobre todo en cuestión de información, y para escapar un poco al espionaje: para ponernos alertas respecto a la acción de los japoneses, que nos vigilaban muy de cerca, de la policía de Franco, que había penetrado en Francia. También para avisarnos de la vigilancia de la Gestapo y de la policía de Vichy. Había en Vichy un patriota que estaba en comunicación con nosotros, dentro de las mayores precauciones posibles. Él nos comunicaba lo que sucedía y nos avisaba: "Va a llegar tal gente; tiene puesta la mira en el consulado general para obtener la libertad de algunos internados en campos de castigo, como el campo de Vernet". Ese patriota despachaba en la oficina de asuntos militares.

También se requería de cierta acción por parte de los patriotas colocados en posiciones secundarias, pero que servía mucho para el trámite de algunas cosas. Contábamos con una señora en la prefectura de Marsella que nos ayudó mucho, para prevenirnos de algunas cosas y facilitarnos otras de las que teníamos mucha necesidad. Por ejemplo, nos hacía mucha falta obtener los artículos alimenticios para dar de comer a todos los refugiados cuando todo estaba racionado y limitado el consumo. Para obtener estas cosas en cierto volumen y asegurar la alimentación de los albergues, contamos con la colaboración de esos patriotas.

El prefecto había asumido una actitud un tanto de excepción, porque dejaba correr las cosas y no actuaba de manera hostil. De la primera entrega de cupones que nos dieron para el aprovisionamiento del castillo de la Reynarde, antes de que se estableciera el de Montgrand, devolvimos los no utilizados. Eso les pareció algo extraordinario porque un cupón de esos la gente se lo disputaba. Así, empezamos a tener un crédito muy grande y facilidades en cierta forma, porque sabían muy bien que con toda honestidad se empleaban estos recursos.

Además, se estableció relación con algunos proveedores que, siguiendo conductos oficiales en la prefectura de Marsella, nos hacían entregas al por mayor de aceite comestible y harina para el pan. Era comida bien administrada. Con lo que costaba en Marsella un desayuno, nosotros dábamos las tres comidas, con vino y carne. Pasaba a revisión médica antes de servirla a los huéspedes del albergue. En el verano se comía en el jardín y en el invierno se utilizaban los comedores.

Se hizo una exposición de arte, que presentó obras de los refugiados. Todo eso fue un conjunto de medidas que servían al propósito de restaurar la salud mental de esa gente. Además, hicimos una clasificación profesional. A todos los agrupábamos por oficios: pescadores, agricultores, vinateros, obreros industriales, maestros universitarios, magistrados, técnicos. Se formaron cuadros de clasificación que se mandaron a la Secretaría de Relaciones, para que en México se viera la mejor forma de emplear esa fuerza de trabajo.

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