martes, 8 de abril de 2014

Anécdotas familiares.

Como he contado, mi familia cuenta con historias únicas y debo reconocer que hay cosas bastante curiosas. Por ejemplo ahora entiendo porque soy como soy y porque no habría simpatizado con uno de mis bisabuelos. Por ejemplo el hijo del sol (se llamaba Apolonio) tenía una obsesión con la propiedad privada, mientras que mi bisabuelos Cuco y Aurora eran más abiertos a las tendencias sociales. 

   Una anécdota nueva fue que mi tatarabuelo, a pesar de no tener hijos varones, legó sus bienes a su hija, algo inusual en pleno siglo XIX. Otra cosa curiosa es que en su casa se encontraba un libro de Filosofía Médica del año 1803, aunque alguien dibujó algo con crayon rojo. Me llamó la atención porque mi papá era médico. Mi tatarabuelo era muy buen jinete y siempre andaba a caballo presumiendo su barba castaña clara, mis papás decían que les dijeron que era muy barbón.  
    
    En los tiempos de la Revolución Mexicana, el hermano de mi bisabuelo Cuco, cuyo nombre tristemente ignoro, murió en fuego cruzado en el Estado de Morelos cuando regresaba de un viaje de arriero. Afortunadamente alguien trasladó el cuerpo desde Morelos al norte de la Ciudad de México. El hijo del sol detestaba a los revolucionarios, a tal punto que no se les podía mencionar y en sus años crepusculares, a Lázaro Cárdenas. 

    Una tía abuela que tengo de 93 años, tiene en su casa un trozo de colmillo de mamut. Lo malo es que está en malas condiciones que parece estar desintegrándose, aquello me entristece porque considero que debería ir a un museo. Desde hace un tiempo no deja que nadie lo vea, además en lo personal, su casa me da miedito. 

    La casa familiar ha estado en la familia por varias generaciones, he contado hasta seis sin incluirme. Además cuando se hicieron reformas a la casa, se encontraron en el suelo cinco pisos diferentes al cavar. Con la nuestra ahora son seis, ahora se con exactitud la cantidad de remodelaciones que ha tenido. Además es muy común ver sombras caminando por la casa, son tres cabezas muy juntitas. No me da miedo porque estoy acostumbrada a verlas, pero quienes nos visitan aseguran que les asusta (aunque no sepan lo de las sombras).

Las anécdotas que rondan a mi familia son grandes, además que han habido miembros interesantes que son recordados por gente de mi pueblo

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