martes, 18 de marzo de 2014

Petróleo, sangre de los imperios

Marco Dávila


“Ningún país del Caribe o latinoamericano debería importarle combustible a Europa, ¿por qué? Si Latinoamérica tiene, entre ellos, a Venezuela con inmensos recursos energéticos, ¿por qué Venezuela va a seguir exportándoles a los países desarrollados 2,5 millones de barriles de petróleo crudo al día: igual que hace 500 años se llevaban la materia prima, hoy se la siguen llevando de la misma manera?”
–Hugo Chávez

En un artículo dedicado a Nelson Mandela, diciembre 18 de 2013, 8 y 35 p.m., Fidel Castro escribe: “Millones de científicos investigan materias y radiaciones en la Tierra y el espacio; por ellos se conoce que Titán, una de las lunas de Saturno, acumuló 40 —cuarenta— veces más petróleo que el existente en nuestro planeta cuando comenzó la explotación de este hace apenas 125 años, y al ritmo actual de consumo durará apenas un siglo más”.
Con la reciente privatización de los energéticos mexicanos, se le ha vuelto a abrir la puerta a las transnacionales del petróleo como Shell, BP, ExxonMobil, Chevron… Estas grandes compañías no son cualquier cosa: tienen tanto poder económico que superan al producto interno bruto (PIB) de varios países; cuentan con respaldo de sus gobiernos; concentran una enorme capacidad para cabildear a su favor y corromper autoridades, y la historia misma demuestra que no son del tipo que se tienta el corazón para matar a quien les estorba. Por lo que la izquierda ya tiene un obstáculo más en el largo camino de la regeneración nacional.
Estas transnacionales del petróleo, que ahora regresarán como si nada, fueron las mismas que no supieron obedecer al tribunal más alto de la nación; fueron las mismas que, con la bendición de sus respectivos gobiernos (Inglaterra, EE.UU. y Holanda), boicotearon económicamente a México enseguida de la expropiación petrolera de 1938.
Si Fidel Castro está en lo correcto —cosa muy probable— y el petróleo del mundo, a este paso, se acabará dentro de cien años, una de las preguntas que debemos hacernos es: ¿Con la reciente privatización de los energéticos, somos ya de plano un país satélite más en la lista de países satélite de Estados Unidos?
México será un país satélite de EE.UU. si el pueblo no logra barrer con los apátridas que se dedican a tratar de revertir todo lo que se ha ganado con sangre y sudor (1810, 1910, 1917, 1938); si no logra acabar con el ridículo sistema de ese puñado de partidos de derecha disfrazados de “nacionalistas”, “revolucionarios”, “democráticos”, “medioambientalistas”; si no logra implantar un gobierno plenamente nacionalista, que sea capaz de industrializar al país en vez de andar contribuyendo a la seguridad energética de los EE.UU.; si no logra que los energéticos sean parte de una estrategia nacional de largo plazo que vele por las futuras generaciones, el desarrollo del país y los intereses de las mayorías.
Se ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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