miércoles, 4 de diciembre de 2013

Reforma energética: Una provocación al pueblo

Marco Dávila
Rebelión



Es evidente, el gobierno mexicano carece de una estrategia a futuro para proteger los recursos naturales y sus propias fuentes de energía, sino que curiosamente se interesa por políticas que tienen que ver con el objetivo estratégico a largo plazo del “amigo del norte”.

En el discurso, casi todos los políticos mexicanos son nacionalistas. En la acción pocos lo son. Los indoblegables son menos, y los dispuestos a dar la vida por ideales son aún muchos menos.

México requiere hoy de estadistas; líderes patrióticos que sean capaces de defender los recursos naturales de la nación; visionarios capaces de pensar a largo plazo, no a seis, ni a doce años, sino de cien años en adelante.

En “Estrategia Urgente en Defensa de la Nación – Política Energética para que México sea Potencia Económica en el siglo XXI”, dicen los expertos en la materia que “desde las esferas de poder político y corporativo de EEUU, Canadá y México, se ha promovido la idea de una “Comunidad de América del Norte”, en la que se busca tener una política arancelaria y un perímetro de seguridad común, lo que equivale a la desaparición en la práctica del Estado nación Mexicano.

Esta estrategia en marcha tiene como soporte fundamental una política energética común en la que el papel asignado a México es garantizar la seguridad energética de EEUU, mediante el acceso de sus corporaciones a la propiedad de yacimientos mexicanos de hidrocarburos, y a todos los recursos naturales de México (forestales, biodiversidad y riquezas minerales del subsuelo).

Se dice también que EE.UU. ha estado promoviendo “una dependencia permanente y estructural que disminuye el poder nacional de México, al reducir su soberanía económica (financiera, comercial, tecnológica, industrial, alimentaria, energética, de infraestructura y logística), como medios para establecer la subordinación política, diplomática, militar, policíaca, judicial y de seguridad nacional del país”.

El hecho de que una elite de apátridas intente hacer modificaciones a la Constitución para beneficio propio y de extranjeros, es como para hervirle la sangre a cualquiera, es como escupirle en la cara al millón de mexicanos que perecieron en la Revolución de 1910. El hecho de que se intente vender el derecho de autodeterminación de México —un derecho con el que cuentan todos los pueblos del mundo—, y querer someternos a los nuevos sistemas de esclavitud, es como para hacer de la paz algo ilusorio.

Lo que están logrando, es que se están creando las condiciones para la confrontación social, y que aumente el nivel de odio hacia EE.UU. conforme salen a la luz las verdades que están detrás de estas políticas torpes y entreguistas.

No hay excusas, México debe ser una nación libre y soberana.

Nota:

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos – Título Segundo – Capítulo I – De la soberanía nacional y de la forma de gobierno – Art. 39.- La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.

Marco Dávila es miembro de Morena Minnesota. Correo: maidaca85@gmail.com

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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