martes, 5 de noviembre de 2013

TRES DIPLOMÁTICAS MEXICANAS: ROSARIO, PATRICIA Y MARISELA La historia no las abolverá por ROBERTO BADILLO MARTÍNEZ

Considero que soy de criterio abierto respecto de la mujer actual y su desempeño en la sociedad: Que ocupe el papel que sus posibilidades intelectuales y sus estudios le permitan. Son amplísimas las posibilidades de la mujer, a saber: Madre, el mayor y más sublime de sus logros, en el que se considera como sagrada su misión y cumplimiento. Compañera del hombre, formando de preferencia un hogar único y sólido, con principios religiosos y familiares. 
En esa situación, la mujer cumple con si misma, con su esposo, con la sociedad y con su país, al ser participe esencial en la formación de niños y jóvenes que seguramente asumirán su misión en la vida: cumplirán sus metas como sus hermanos, harán felices a su pareja futura, se insertarán en la sociedad y en el desarrollo del país, y formarán hogares que continuarán el ciclo de la vida: formar bajo principios religiosos y humanistas a niños y jóvenes que en el futuro servirán a la sociedad y a su patria. 
También tiene otros y amplísimos horizontes: Insertarse en la fuerza de trabajo de su país, decidiendo por si misma las posibilidades y en qué grado serán atendidas por ella misma o por servidores de confianza, las acciones que en su caso se deriven. 
O sea, pueden decidir, ser madres, esposas y trabajadoras o funcionarias y, en tal caso, habrá diferentes posibilidades en su vida. 

Hoy, me voy a referir a tres diplomáticas mexicanas que desgraciadamente se encontraron en su camino, desde diferentes posiciones, en el servicio público, a una propuesta estadounidense, que se hizo realidad en México con el nombre de Iniciativa Mérida. (El solo nombre de iniciativa, ya denota su origen gringo.). 
Y digo “desgraciadamente”, porque esa iniciativa intervencionista, militarista y desestabilizadora, ha costado a nuestro país, sólo en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, miles de muertos (se habla de setenta u ochenta mil) y miles de desaparecidos, que seguramente están muertos. Se habla de 20 o 30 mil. 
Como se sabe, hay dos presidentes que por sus actos como tales, a favor del imperio y en contra de México, han sido rescatados por los estadounidenses: Ernesto Zedillo Ponce de León, que les entregó los ferrocarriles, institucionalizó los Pidiregas para maniatar absolutamente a Pemex, llevó a cabo la negociación del Hoyo de la Dona, potencialmente fuente de petróleo, y constituyó el Fobaproa, para hacer públicas deudas de banqueros. Todos sabemos que, en México, detrás de un banquero doméstico se encuentra un banquero de la Reserva Federal (EU), de fondos buitres o de dinero negro, trasegado en paraísos fiscales; o bien, un banquero que obtiene ganancias de deudas de países que mensualmente piden prestado para pagar intereses a los mercaderes mundiales. 
El otro, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, cuyo servilismo fue exhibido a lo largo de su sexenio, pero cuya joya de la corona contra México, fue la aprobación de la iniciativa, intervencionista, militarista, entreguista y criminal llamada Iniciativa Mérida. 

A cambio de miserables mil 500 millones de dólares, México entregó su soberanía, permitió la desestabilización por fuerzas mercenarias en nuestro país y miles de mexicanos pagaron con su vida esa intromisión; a otros centenares de miles de personas (cuyos efectos, económicos, sociológicos y familiares, aún no han sido estudiados y por lo tanto cuantificados), los obligó a cambiar sus actitudes de vida, incluso saliendo del país, por la violencia desatada en grandes áreas del territorio nacional. 
Habiendo hecho tal daño a su país, es lógico que los estadounidenses protejan a estos personajes, no sólo para “pagarles” sus servicios, sino para poder utilizarlos, desde diferentes funciones. Con seguridad, el gobierno yanqui entendió también que, siendo traidores a su país, (delito que bien se les puede imputar por sus enormes servicios al suyo), en México habría reacciones en su contra. En México no pasó nada en su contra salvo los desfogues periodísticos. 
Claro que el brazo protector del imperio es muy grande; alcanzó también a otros personajes del México de Felipe Calderón Hinojosa: A Genaro García Luna, quien le dijo al embajador  yanqui: “Usted tendrá toda la información de la secretaría” (de Seguridad Pública, a su cargo) y que, además, según la revista Proceso, pidió perdón a sus amos yanquis por el episodio de Cuernavaca. Algo indigno de un ser humano ante la potencia que humilla. Nunca en la historia de México del siglo XX se produjo algo parecido. Él disfruta en Florida sus riquezas y en seguridad.También el brazo protector alcanzó a la ex procuradora de  Calderón Hinojosa, Marisela Morales Ibáñez. Hoy disfruta como cónsul de México, en una de las ciudades de Europa más ricas, en glamour, moda, diseño y estilo: Milán, Italia. Tendrá muy cerca, a la embajadora de México en Alemania, Patricia Espinosa Cantellano, también protegida yanqui; la puede invitar de compras a Milán, a reponer su vestuario. 
Ambas tendrán, desde México, el apoyo y los consejos de la embajadora emérita de México, Rosario Green, otra personalidad que sirvió a los yanquis durante la implementación de la Iniciativa Mérida en nuestro país. 


Por ello, me referiré brevemente a las tres diplomáticas mexicanas. 
 Como secretaria de Relaciones Exteriores, la doctora Patricia Espinosa Cantellano, es la responsable directa de permitir que Estados Unidos, pusiera en ejecución en México laIniciativa Mérida. Ella acudió a la Cámara de Diputados, en una intervención sin sustento, a explicar esa intervencionista iniciativa que tanto daño hizo al país.

En el Libro Verde de las Fuerzas Armadas, en las páginas 98 a la 107, transcribo las dos intervenciones del suscrito en la comparecencia de canciller en San Lázaro, ante la Comisión de Relaciones Exteriores. En ellas le expuse sin cortapisas, con la sola libertad individual y de diputado federal, lo que iba a pasar y pasó. 
La senadora Rosario Green, en tiempo de la penetración de la Iniciativa Méridapresidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado -que tiene como una de sus funciones la revisión de los Tratados Internacionales de México con otros países-, no hizo absolutamente nada para oponerse a esa intervención estadounidense. Sólo declaraciones por aquí y por allá sin sustento. Por eso pasó sin objeción en el Senado de la República esa Iniciativa militarista. No se reglamentó. Nada se firmó que comprometiera a los dos países y a las personas que participan en el desarrollo de laIniciativa Mérida. 
Por ello, los participantes estadounidenses actuaron sin control, exonerados previamente de responsabilidades; tal vez esa situación fue así, porque la misma funcionaria participó en la definición de los porcentajes de petróleo para México y Estados Unidos en la reserva Hoyo de Dona, en los límites de Estados Unidos y México en el Golfo de México. 

Por lo anterior, Rosario Green es responsable de no cumplir con sus obligaciones desde el Senado,  como presidenta de Relaciones Exteriores, dejando sin reglamentar laIniciativa Mérida, que tanto daño causó al país. 
En resumen, la canciller Patricia Espinosa Cantellano, permitió la Iniciativa Mérida; la senadora Green la dejó pasar sin reglamentarla, y la procuradora Marisela Morales la ejecutó en alianza con los servicios de información de Estados Unidos y la embajada de ese país en México. 
El resultado trágico es por todos conocido: provocaron la tragedia nacional que sufren centenares de miles de compatriotas. La historia ya las juzgó: Sirvieron a Estados Unidos, y no a México, su país. La historia no las absolverá. 

Quedaron impunes sus actuaciones. Incluso, seguirán gozando de las canonjías de la diplomacia mexicana que son conocidas por todos. No escaparán sin embargo, a la grave responsabilidad personal de darle respuesta, como mexicanas, a su conciencia.




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