miércoles, 20 de noviembre de 2013

Redondillas por Sor Juana Inés de la Cruz

Decís que nosotras tenemos una loca en nuestra casa, lo que no admitís es que vosotros sois los que tienen mil locas en vuestra casa llamada cabeza.


 Hombres necios que acusáis
 a la mujer sin razón,
 sin ver que sois la ocasión
 de lo mismo que culpáis:

 si con ansia sin igual
 solicitáis su desdén,
 ¿por qué queréis que obren bien
 si las incitáis al mal?

 Combatís su resistencia,
 y luego con gravedad
 decís que fue liviandad
 lo que hizo la diligencia.

 Queréis con presunción necia
 hallar a la que buscáis,
 para pretendida, Tais,
 y en la posesión, Lucrecia.

 ¿Qué humor puede ser más raro
 que el que falta de consejo,
 él mismo empaña el espejo
 y siente que no esté claro?

 Con el favor y el desdén
 tenéis condición igual,
 quejándoos, si os tratan mal,
 burlándoos, si os quieren bien.

 Opinión ninguna gana,
 pues la que más se recata,
 si no os admite, es ingrata
 y si os admite, es liviana.

 Siempre tan necios andáis
 que con desigual nivel
 a una culpáis por cruel
 y a otra por fácil culpáis.

 ¿Pues cómo ha de estar templada
 la que vuestro amor pretende,
 si la que es ingrata ofende
 y la que es fácil enfada?

 Mas entre el enfado y pena
 que vuestro gusto refiere,
 bien haya la que no os quiere
 y quejaos enhorabuena.

 Dan vuestras amantes penas
 a sus libertades alas,
 y después de hacerlas malas
 las queréis hallar muy buenas.

 ¿Cuál mayor culpa ha tenido
 en una pasión errada,
 la que cae de rogada
 o el que ruega de caído?

 ¿O cuál es más de culpar,
 aunque cualquiera mal haga:
 la que peca por la paga
 o el que paga por pecar?

 Pues ¿para qué os espantáis
 de la culpa que tenéis?
 Queredlas cual las hacéis
 o hacedlas cual las buscáis.

 Dejad de solicitar
 y después con más razón
 acusaréis la afición
 de la que os fuere a rogar.

 Bien con muchas armas fundo
 que lidia vuestra arrogancia,
 pues en promesa e instancia
 juntáis diablo, carne y mundo.

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