domingo, 10 de noviembre de 2013

Arafat, Canal 9 y Mas

fael Poch de Feliu
Rebelión


¿Quien debió matar a Yaser Arafat? Uhm…, veamos. Si el agente Superlópez estuviera a cargo de la investigación, ¿Cuál sería su lista de sospechosos? Quizá México. Es sabido que Arafat calzaba un 41, el mismo número de zapato que usa el cuñado del jefe de los servicios secretos mexicanos. Es una pista significativa. ¿O quizá Somalia? Un país que está en el cuerno de África, solo podía ser profundamente hostil al líder palestino, que era un opositor radical a las infidelidades matrimoniales. Pero no descartemos a Polonia, país que por razones de proximidad fonética podría haber manejado a su marido, el Polonio, en el atentado…

 Si les parece absurdo nos disculpamos cuando nos disuelvan como medio de comunicación por haber ganado un pleito en los tribunales contra un masivo despido de personal. En la hora de la disolución, en la antesala del paro, todos los periodistas que estuvieron profesionalmente alimentando durante años todo tipo de perradas informativas, descubren su corazoncito rebelde. Nada hay mejor que el paro para convertir en inconformista al disciplinado, asocial e irresponsable “profesional de la información”.

 Servidores que se transforman en héroes rebeldes en la hora de la desgracia. ¡Qué gran espectáculo! El público lo recompensa con un récord de audiencia. Un medio de propaganda a punto de ser cerrado ofrece, con esa disculpa, su único momento de gloria. Les hemos estado mintiendo, hemos sido un aparato al servicio de una clase política facinerosa y les pedimos disculpas, dicen. Los sospechosos no eran México, ni Somalia ni Polonia y su marido -¡bendito Canal 9! Pero entonces ¿quienes son?

 La pregunta no es banal. Arafat fue envenenado en 2004. Han encontrado Polonio en su cuerpo y vestidos. Desde 2002, cuando bombardearon su cuartel general, estaba virtualmente preso en su sede de Ramallah, todo con el beneplácito de Washington y el consentimiento cómplice de sus vasallos europeos. Tenía 75 años y buena salud, pero le pusieron veneno en la comida y falleció entre fuertes dolores en el hospital parisino al que fue evacuado.

 Estamos ante uno de los crímenes del siglo: el dirigente de un pueblo sometido a una política racista y colonial, apoyada por Estados Unidos y la Unión Europea en pleno siglo XXI. Los ejecutores nunca lo ocultaron.

 “Durante muchos años, todos los gobiernos de Israel, fueran laboristas o del Likud, todos ellos, hicieron un esfuerzo por –usaré una palabra sutil para el lector americano- apartarlo de nuestra sociedad, pero nunca lo conseguimos”, le dijo el criminal de guerra Ariel Sharon al periodista estadounidense Jeffrey Goldberg, de la agencia Bloomberg.

 Lo intentaron en Beirut en 1982, luego en Túnez en 1985, donde mataron a decenas de personas en el intento, de nuevo en Ramallah. En total lo intentaron en trece ocasiones explicó Sharon. Finalmente Arafat fue envenenado en 2004.

 El tema no figurará en la visita del President Artur Mas a Israel, país que el gobierno catalán, “considera un referente por su voluntad de superación y por el proceso que ha vivido de constitución en Estado”, señala una información fechada en Barcelona. “Mas comprobará de primera mano que puede hacer un gobierno cuando dispone de los instrumentos de un Estado, tal como él mismo reclama para Catalunya”, explica la información que no menciona la palabra Palestina.

 “Lo fundamental para nuestra independencia es contar con apoyo de quienes cuentan en el mundo, por ejemplo los americanos y los israelíes, que son muy influyentes”, explicaba este verano un diputado de Convergencia i Unió. La conclusión es obvia: cuanto más canalla sea el futuro Estado catalán, tanto más apoyos internacionales de la “gente que cuenta en el mundo” tendrá. Obviamente, cuanto más transformador y social sea el proyecto catalán tantos más enemigos tendrá en ese mismo club. El viaje de Mas es revelador desde ese punto de vista.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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