miércoles, 28 de marzo de 2012

EL ARMA MÁS PODEROSA DEL MUNDO UN 5 % Sexta y última parte

Solo quedaba por resolver un pequeño detalle: el diez por ciento del suministro total del dinero aún circulaba en forma de billetes y monedas, que los ciudadanos utilizaban para pequeñas compras. Había que suprimirlo para transformar definitivamente todo el dinero en un simple juego de anotaciones creadas y borradas por los orfebres. El creativo Rufus y sus eternos socios diseñaron y presentaron otra innovación: una pequeña tarjeta plástica con los datos de la persona, su fotografía y un número de identificación que podía conectarse con una computadora central donde se registraban las cuentas de todos los usuarios. La tarjeta de crédito era la solución final para abandonar la moneda en efectivo (y de paso, aumentar el control sobre los ciudadanos), ya que los comerciantes aceptarían el pago de sus productos con ella al eliminar la molestia de almacenar y custodiar dinero físico. La tarjeta fue recibida con gran éxito por una sociedad adicta a las novedades. Después de esto, los orfebres celebraron una reunión extraordinaria que llegó a las siguientes conclusiones: 


  • Las empresas que controlaban (en casi todos los sectores) eran cada vez más grandes, pues crecían engullendo a otras y expulsando a las más débiles del mercado. Pronto existiría un monopolio de facto que llevaría a todo el mundo a trabajar para ellos de una u otra forma.
  • El Gobierno estaba en sus manos, fuese cual fuese el partido político que llegara al poder, pues todos les habían solicitado préstamos para organizarse y pagar sus campañas y mítines. Además, todas las formaciones políticas estaban infiltradas por agentes orfebres.
  • La opinión pública nunca los criticaría gracias a la abnegada labor de los medios de comunicación que poseían y que se encargarían de repetir una y otra vez los mensajes favorables a sus planes, silenciando los contrarios.
  • Era cuestión de tiempo que todos los ciudadanos usaran sus tarjetas de plástico y abandonaran el dinero físico para siempre y, con él, la esperanza de al menos ralentizar el proceso.
Uno de los orfebres advirtió que las tarjetas podían perderse o estropearse, pero Rufus, siempre por delante, anunció su última idea: ya estaba redactando una nueva ley que aprobaría en el futuro el gobierno y que obligaría a que todas y cada una de las personas grabaran un número personal e intransferible sobre su propia piel o quizá insertado en alguna pequeña maravilla científica, un chip por ejemplo, que pudiera implantarse en el interior del cuerpo y ser leído desde fuera con la maquina adecuada. Este método permitiría prescindir de las tarjetas y tener a cada ciudadano bajo estricto control (hay una piedrita que habla de esto). Contentos, los orfebres se pusieron en pie para brindar por su éxito. Un éxito que sería completo una vez consiguieran extender al resto del mundo el sistema que habían impuesto a buena parte de él. Si otras culturas no querían compartirlo, simplemente arreglarían las cosas para destruirlas forzando diversos conflictos bélicos de diversa intensidad. Ahora estaban convencidos de que el triunfo final sería suyo...
Y todo solo por unas 5 monedas que nunca  existieron... 


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