miércoles, 28 de marzo de 2012

EL ARMA MÁS PODEROSA DEL MUNDO UN 5 % Sexta y última parte

Solo quedaba por resolver un pequeño detalle: el diez por ciento del suministro total del dinero aún circulaba en forma de billetes y monedas, que los ciudadanos utilizaban para pequeñas compras. Había que suprimirlo para transformar definitivamente todo el dinero en un simple juego de anotaciones creadas y borradas por los orfebres. El creativo Rufus y sus eternos socios diseñaron y presentaron otra innovación: una pequeña tarjeta plástica con los datos de la persona, su fotografía y un número de identificación que podía conectarse con una computadora central donde se registraban las cuentas de todos los usuarios. La tarjeta de crédito era la solución final para abandonar la moneda en efectivo (y de paso, aumentar el control sobre los ciudadanos), ya que los comerciantes aceptarían el pago de sus productos con ella al eliminar la molestia de almacenar y custodiar dinero físico. La tarjeta fue recibida con gran éxito por una sociedad adicta a las novedades. Después de esto, los orfebres celebraron una reunión extraordinaria que llegó a las siguientes conclusiones: 


  • Las empresas que controlaban (en casi todos los sectores) eran cada vez más grandes, pues crecían engullendo a otras y expulsando a las más débiles del mercado. Pronto existiría un monopolio de facto que llevaría a todo el mundo a trabajar para ellos de una u otra forma.
  • El Gobierno estaba en sus manos, fuese cual fuese el partido político que llegara al poder, pues todos les habían solicitado préstamos para organizarse y pagar sus campañas y mítines. Además, todas las formaciones políticas estaban infiltradas por agentes orfebres.
  • La opinión pública nunca los criticaría gracias a la abnegada labor de los medios de comunicación que poseían y que se encargarían de repetir una y otra vez los mensajes favorables a sus planes, silenciando los contrarios.
  • Era cuestión de tiempo que todos los ciudadanos usaran sus tarjetas de plástico y abandonaran el dinero físico para siempre y, con él, la esperanza de al menos ralentizar el proceso.
Uno de los orfebres advirtió que las tarjetas podían perderse o estropearse, pero Rufus, siempre por delante, anunció su última idea: ya estaba redactando una nueva ley que aprobaría en el futuro el gobierno y que obligaría a que todas y cada una de las personas grabaran un número personal e intransferible sobre su propia piel o quizá insertado en alguna pequeña maravilla científica, un chip por ejemplo, que pudiera implantarse en el interior del cuerpo y ser leído desde fuera con la maquina adecuada. Este método permitiría prescindir de las tarjetas y tener a cada ciudadano bajo estricto control (hay una piedrita que habla de esto). Contentos, los orfebres se pusieron en pie para brindar por su éxito. Un éxito que sería completo una vez consiguieran extender al resto del mundo el sistema que habían impuesto a buena parte de él. Si otras culturas no querían compartirlo, simplemente arreglarían las cosas para destruirlas forzando diversos conflictos bélicos de diversa intensidad. Ahora estaban convencidos de que el triunfo final sería suyo...
Y todo solo por unas 5 monedas que nunca  existieron... 


El arma más poderosa del mundo...un 5 % quinta parte

La insatisfacción creciente generó un movimiento ciudadano que creó un grupo de personas dispuestas a llegar al poder y cambiar las cosas. Lo llamaron “partido politico” y pidieron el apoyo de los ciudadanos para sustituir al gobierno vigente y arreglar la situación. Otras personas siguieron el ejemplo y fundaron nuevos partidos con propuestas distintas y el mismo objetivo, solicitando también el favor social. Hubo que convocar elecciones y, en efecto, los gobiernos tradicionales desaparecieron y fueron relevados por nuevos y carismáticos líderes. Pero las cosas mejoraron muy poco porque Rufus y sus socios seguían siendo los mismos: nadie había planteado sustituirlos y lo cierto es que solo aceptaban el relevo de personas muy próximas y formadas directamente por ellos para mantener el sistema tal cual. Además habían infiltrado a algunos de sus mas fieles siervos en todos los partidos políticos para tomar las riendas desde dentro. Estaban ya demasiado cerca de su objetivo de control completo de la sociedad para dejarse apartar a estas alturas.
    A través de sus instituciones legales poseían, directamente o a través de intermediarios, una parte importantísima de la riqueza real existente. Sin embargo, trabajaban ya contra reloj: empezaba a haber demasiada gente perjudicada por el sistema y era preciso silenciar sus quejas antes de que algún disidente tuviera mayor fortuna que sus predecesores y encontrara la forma de desmontar públicamente el gran tinglado. 

     Para acallar a sus críticos utilizaban las presiones financieras (todo el mundo necesita dinero para comer) y, en ocasiones puntuales, habían llegado a emplear métodos más brutales, pero necesitaban algo más. Así que Rufus y sus amigos fundaron o compraron los principales medios de comunicación (de todas las ideologías: izquierda, centro y derecha, para hacer llegar a todo el mundo su visión dirigida de la realidad) y luego seleccionaron con mucho cuidado a sus responsables para que fueran capaces de orientar a la opinión pública en la dirección deseada o bien para entretenerla con cuestiones sin importancia mientras ocultaban las informaciones decisivas. La mayoría de los profesionales que trabajaban en el sector no eran conscientes de hasta que punto eran manipulados por sus propios jefes. Los que se dieron cuenta callaron por temor a perder su trabajo en un sector en el que primaba una extraña y anómala precariedad laboral en comparación con otras profesiones. Lo cierto es que ayudaron a que la sociedad entera girara alrededor de Rufus y sus socios, que cada día controlaban más empresas en general y más ciudadanos en particular, incluyendo entre estos últimos a políticos, jueces, cientificos… e incluso a poderosos jefes de bandas criminales, pues sabían que las personas son muy frágiles cuando se pone la suficiente cantidad de billetes sobre la mesa (¿oro? ¿quién se acordaba a estas alturas de las monedas de oro?) o mediante becas, grupos de estudio, fundaciones, organizaciones sociales y otros proyectos de apariencia benéfica. 
     Todos trabajaban, queriéndolo o no, para mantener el sistema y para mantener la versión de que el sistema funcionaba a la perfección. Y si había disfunciones o errores, desde luego no se les podía achacar a los orfebres, que eran los que más duro trabajaban en beneficio de la sociedad entera, y por ello merecían todo tipo de honores, privilegios y galardones. La última fase era la toma definitiva del poder. Rufus y sus socios poseían numerosas oficinas de préstamos, algunas de las cuales competían entre sí de puertas para afuera, aunque en realidad y desde que firmaran su alianza secreta, todos la habían mantenido fielmente. Existía, además, un severo protocolo para hundir de inmediato a quien la traicionara o para quitar de en medio a cualquier advenedizo que pudiera introducirse en la organización. 

    El poder acumulado era tan inmenso que había llegado el momento de evitar tentaciones, y para ello diseñaron una nueva institución monetaria a la que llamaron Centro de Reserva o Banco Central del Continente, cuya función externa sería garantizar la estabilidad definitiva del sistema regulando el suministro de del dinero a través del control gubernamental. De esta forma, los gobiernos dejarían de relacionarse técnicamente con los orfebres: se entenderían con este aséptico centro a la hora de pedir sus prestamos, ofreciendo como garantía los impuestos de años sucesivos o los bienes que le quedaran al Estado. Los ciudadanos pensaron que el Centro de Reserva era una institución gubernamental (y a partir de entonces ya no quedó duda alguna a la hora de relacionar el manejo del dinero con sus gobiernos), aunque en su anónima junta directiva sólo se sentaban… Orfebres. Con su constitución se garantizaba en todo caso que el gobierno comería ya para siempre de manos de Rufus y los demás porque era imposible detener ya el volumen de sus préstamos e intereses sin colapsar la sociedad entera.  

 
      

El arma más poderosa del mundo...un 5 % cuarta parte

Evidentemente todas las tribus se encontraban en una estado de caos absoluto,  tal y como lo vemos todos los días...

Acorralados por las demandas civiles, los gobiernos crearon programas de bienestar ciudadano, incluyendo la creación de empresas públicas para que los ciudadanos pudieran tener acceso de nuevo a un precio asequible a servicios como la medicina o las escuelas aunque carecían del mismo nivel y recursos que los profesionales del sistema privado. Al mismo tiempo crearon una ley de contribución para que todas las personas estuvieran obligadas a dar una pequeña parte del dinero que ganaban a los programas de bienestar general: es decir forzaban a los trabajadores a los que de por si y les costaba demasiado esfuerzo mantenerse en el sistema a pagar parte de lo suyo para ayudar a otros que no lo habían logrado, lo anterior les pareció un grave contrasentido e incluso se interpretó como un robo social. Sin embargo el gobierno contaba con un sistema de soldados y policías que obligaban a cumplir esta nueva recaudación, metiendo a la cárcel a todo aquél que se negaba. Además, gracias al dinero extra de la recaudación comenzaron actuar los programas de bienestar, que aliviaron la situación...durante algún tiempo.

 
      Pronto fueron necesarios más recursos y más funcionarios para administrar la creciente máquina en construcción de un Estado en el que cada vez más actividades requerían ser controladas para evitar disfunciones. Eso significaba más prestamos, pero los gobiernos, que ya estaban endeudados como institución, no querían incrementar el nivel de su débito y, angustiados, acudieron una vez más al infalible oráculo de Rufus y sus socios. Éstos escucharon sus quejas con la tranquilidad del que contempla cómo un largo y meditado plan quema una etapa tras otra de acuerdo con lo previsto y respondieron a los gobiernos desplegando ante ellos un brillante futuro si eran capaces de crear e imponer impuestos regulares para mantener dichos servicios. No se trataba ya de exigir una derrama para resolver un asunto concreto sino de introducir un sistema de tasación graduado, obligatorio y perenne para garantizar un flujo perpetuo de dinero a los gobiernos. Los gobiernos tendrían que ampliar su control sobre los ciudadanos, de forma que cada uno de ellos pasara a formar parte de una estadística elaborada en la que se describieran con detalle sus bienes, recursos y ganancias -su potencialidad económica-, además de sus datos personales, para controlar el cobro y castigar a los rebeldes.
     Los que mas tuvieran deberían aportar más de acuerdo con esta clasificación. El sistema debía de ser muy bien explicado y promocionado a la sociedad para evitar una negativa generalizada, aunque lo más probable era que los gobiernos se aseguraran en seguida el apoyo de la mayoría -los que disponían de menores ingresos-, que verían en la nueva regulación un reparto más justo de la riqueza. Si aún así encontraban demasiada contestación, siempre podían echar mano de los guerreros (policía y ejercito) para imponerlos por la fuerza.


     Parecía la única salida razonable y, además, consecuente con el principio de que todos los miembros de la comunidad eran iguales ante la ley y debían contribuir al bienestar general en la medida de sus posibilidades (por supuesto y para evitar su propia gruesa contribución, los orfebres, que eran los miembros más ricos de la sociedad, ya habían distribuido previamente sus propios y lujosos bienes a través de una telaraña de empresas y fundaciones de manera que, técnicamente, no les pertenecían, aunque eran los únicos de facto que los disfrutaban). Los gobiernos se retiraron agradeciendo la perspicaz solución a Rufus y sus socios, aunque éste, antes de irse, les recordó la importante suma de dinero que debían como instituciones y les anuncio una nueva medida de gracia tomada por los orfebres: ante la delicada situación que atravesaban los gobiernos, de momento no les cobrarían mas que los intereses, dejando el capital de la deuda para más adelante.
    Decididamente, pensaron los regidores, el primero de los orfebres era un gran hombre, un mecenas de la humanidad, e institucionalizaron los impuestos, que en el proceso de acción-reacción del sistema se multiplicaron más allá de lo imaginable. Se introdujeron impuestos sobre las nominas de los trabajadores; sobre las infraestructuras del transporte; sobre la compra o adquisición de una casa y, luego, por vivir en ella; sobre la adquisición de un vehículo, sobre su posesión, sobre el combustible utilizado, sobre la circulación con él, sobre su acceso a determinadas zonas de las ciudades, sobre su estacionamiento y hasta por desprenderse de él para venderlo a otra persona; impuestos que alcanzaban incluso a los productos básicos para la subsistencia, como el agua o el pan. Impuestos y más impuestos sobre todo aquello que se pudiera comprar o vender, sin importar su tamaño, origen o precio.
    Todo el mundo pagaba impuestos continuamente porque cada vez que compraba cualquier cosa imaginable, una parte del precio se destinaba a la recaudación impuesta por los gobiernosy, al final de la cadena, al interés. Y cada año, Rufus y sus socios repetían el ritual acudiendo puntuales al cobro de los prestamos, aunque en el caso de los gobiernos seguían contentandose con cobrar los intereses por aquello de ayudar a la gobernabilidad general. Pese a lo cual, cada vez era preciso dedicar más dinero de los impuestos al pago de una deuda que nunca desapareció, ya que periódicamente los gobiernos solicitaban extras (para pagar la construcción de infraestructuras necesarias, para hacer frente a una hambruna inesperada por malas cosechas o por la simple corrupción de algunos de sus miembros).

sábado, 24 de marzo de 2012

¿Huevos benedictinos o puré de papas con salsa de ambrosía?

A tan solo algunos días para la llegada de Joseph Ratzinger de nacimiento y bajo el nombre de Benedicto XVI, Jefe de Estado del Vaticano o también conocido como el "sucesor de San Pedro", léase el mero mero de la iglesia más rica del mundo: la Católica. 
     Nota: ME BASO EN LOS HECHOS, NO EN PAROXISMOS TEOLÓGICOS O POLÍTICOS. Aclaro que lo que menciono a continuación puede resultar incómodo para ciertas opiniones. Como a la mayoría de los jóvenes mexicanos, fui criada bajo el estatuto católico, sin embargo desde mi núcleo familiar se me ha enseñado a mantener un punto de vista crítico hacia los hechos y predicamentos que simplemente no cuadran (principalmente cuando la integridad de cualquier ser humano es mancillada). Igualmente aunque se me puede catalogar como católica de nacimiento, no me considero como tal y no la practico a pesar de contar con la documentación propia de los ritos de dicha fe, lo anterior no me avegüenza. En conclusión me considero una persona LAICA y muy orgullosa de serlo.
    Sin embargo ya que faltan unos cuantos días para que Ratzinger pise tierras mexicanas, hay que recordar que los asuntos terrenales se consideran prioridad de cualquier jefe de Estado. El Estado Vaticano es la entidad más rica del mundo y desde que Mussolini le dió su autonomía el 11 de Febrero de 1929 mediante el tratado de Letrán, ha estado metiendo sus narices en numerosos asuntos bastante controvertidos. Enlistarlos sería una labor titánica, debido a la gran variedad: desde desfalcos fiscales, magnicidios y abusos sexuales.



Juguetes privados

     Uno de los eventos más controvertidos y tal vez más investigados es sin duda las circunstancias que llevaron a la muerte de Albino Luciani, llamado Juan Pablo I tras su elección papal el 26 de Agosto de 1978 tras la muerte de Pablo V. Desde el inicio se le denominó el "papa rojo" o el "Papa Obrero" debido a su rechazo al acto de coronación y entronación con el cual se "oficializa" su estatus de sucesor de San Pedro y su simpatía a los fieles más pobres. Sin embargo el trasfondo real de tal apodo fueron las series de investigaciones que hizo al Banco Ambrosiano (famoso centro de labado de dinero de la mafia y centro de negocios de banqueros establecidos), debido a que compró la Banca Catolica del Veneto.  La clarificación de las cuentas vaticanas era una de sus prioridades. Mientras fue Patriarca de Venecia, en 1972, la Banca Vaticana vendió al Banco Ambrosiano (Propiedad de Roberto Calvi) la Banca Cattolica del Veneto, sin consultar al obispado metropolitano de Venecia, del cual monseñor Albino Luciani era jerarca. El responsable de esta acción fue el arzobispo Marcinkus, lo cual llevó a ciertas desavenencias entre Luciani (aún no nombrado Papa), y el norteamericano responsable de la dudosa administración Vaticana de entonces. La Banca Cattolica de Veneto estaba especializada en préstamos con bajos tipos de interés hacia los más necesitados; quizá por esto el Papa Luciani toma cartas en el asunto. Benelli, sustituto del Secretario de Estado Vaticano le cuenta que existe un plan entre Roberto Calvi, Michele Sindona y Marcinkus para aprovechar el amplio margen de maniobra que tiene el Vaticano: “evasión de impuestos, movimiento legal de acciones”. La reacción de Luciani, recogida en el libro “Con el corazón puesto en Dios: intuiciones proféticas de Juan Pablo I”, es de una enorme decepción.

     Su muerte fue oficialmente un ataque cardíaco el 17 de Octubre de 1972, sin embargo no se realizó autopsia alguna, según por oposición de sus familiares. Su sucesor fue Juan Pablo II, quién se encargó logró evitar más investigaciones, fue responsable de consagrar a los Legionarios de Cristo, aprobó un fondo de recompensación económica para las víctimas de abusos sexual por parte de sacerdotes, sin mencionar que fue el primero que visitó México en calidad de Jefe de Estado (lo cuál fue un paso para la restauración de las relaciones Iglesia-Estado) lo que significa una amenaza para la continuación de un Estado Laico.


Al menos entre sacerdotes y monjas...






...las tentaciones son voluntarias

     Los actos de pederastia y abuso sexual por parte de numerosos sacerdotes a lo largo del mundo es preocupante, de acuerdo son el Derecho Canónico no hay ley que proteja a las víctimas, de hecho según a las investigaciones de fiscales norteamericanos que llevaron a juicio a varios sacerdotes en Boston, el padre hace una especie de confesión a la víctima lo cuál expía al agresor; lo anterior es legal debido al Derecho Canónico dificultando los procesos judiciales. Un gran ejército de abogados Canónicos que estan altamente capacitados, logran acuerdos completamente desfavorables para las víctimas y sus familiares y aún de este modo logran compesasiones económicas. Es evidente que la magnitud de los abusos sexuales es mayor al que se estima oficialmente. Sin embargo el fondo es utilizado constantemente y de hecho se acusa al hermano mayor de Joseph Ratzinger, Georg, por permitir abuso físico y maltrato contra los miembros del Coro de las Voces Blancas del cuál fue director durante quince años. Hasta la fecha se desconoce el número de víctimas concretas, sin embargo no es complicado imaginar la magnitud de sus abusos contra los miembros del coro desde  1958 hasta 1973.
     Fiscales norteamericanos han indagado en los casos de abuso sexual y debido a ello, salieron a la luz diversas acusaciones alrededor del mundo. Se recuerdan los casos de Irlanda que fueron muy documentados, pero no se han realizado procesos judiciales a pesar de la proyección mediática. Niños en comunidades indígenas en Guatemala y El Salvador han revelado ser víctimas de violaciones por sacerdotes, sin embargo aunque hay organizaciones que tratan de hacer justicia, los resultados no han sido muy fructíferos hasta la fecha.
 



¿Dejar que los niños se acerquen?






     Se supone que la Iglesia Católica, al igual que las demás alrededor del mundo y las que han habido a travez de la historia tienen el propósito de guiar al hombre, por cuál la verdad o camino francamente no tengo idea. Sin embargo cuando los expositores de esta fe dañan a los seres más inocentes e indefensos, cuando intervienen en las desiciones políticas que alteran la vida de millones de personas mientras colaboran con mafiosos. A  lo largo de los siglos las misas y las biblias utilizaban la lengua latina, pero ¿qué comprendían las masas si apenas sabían leer sus nombres? ¿Cuántas manipulaciones han realizado los cardenales a lo largo de la historia para poner y quitar reyes? Léase Richelieu, Rodrigo Borgia entre otros. El Artículo 24 constitucional ha sido reformado, lo cuál amenaza al Estado Laico que aseguraba la igualdad entre todos los mexicanos, ya que al haber una mayoría católica dicho artículo aseguraba la tolerancia hacia otras personas con Fe diferente; sin mencionar las ventajas que tendrían los jerarcar eclesiásticos al poder ejercer fuera de los templos. En mi opinión es sospechosamente conveniente que en Diciembre pasado se haya reformado el Art. 24 y Ratzinger esté visitando Guanajuato, uno de los Estados más conservadores y machistas (donde el aborto aunque sea espontáneo es penado por la ley). No creo que haya sido bien recibido en la Ciudad de México.
 
    Mark Twain dijo que la mente es como un paracaídas, solamente sirve bien abierta...pero además debemos saber a qué altura y en qué tipo de terreno abrirlo.





jueves, 15 de marzo de 2012

Expertos de la ONU preocupados por impunidad en casos de desapariciones forzadas en México




“Las desapariciones forzadas en México han ocurrido en el pasado y continúan ocurriendo en la actualidad”, advirtió ayer el Grupo de Trabajo de la ONU sobre las desapariciones forzadas o involuntarias, durante la presentación en Ciudad de México de su informe [*] sobre el país.


El informe reconoce los esfuerzos realizados por México en materia de derechos humanos, incluida la lucha contra las desapariciones forzadas, “así como los desafíos planteados por la compleja situación actual en materia de seguridad pública que tiene lugar en el marco de la lucha contra el crimen”.


Sin embargo, el grupo de expertos independientes recalcó que “la impunidad es un patrón crónico demostrado por la ausencia de investigaciones efectivas en casos de desapariciones forzadas”.


“El Estado debe reconocer la dimensión del problema de la desaparición forzada como el primer paso para desarrollar medidas integrales y efectivas para su erradicación”, señalaron. “No puede enfrentarse esta desafiante situación ignorando el respeto de los derechos humanos. No pueden adjudicarse al crimen organizado exclusivamente los casos de desapariciones forzadas, sin una adecuada y completa investigación penal”.


En su informe, el Grupo de Trabajo examina el estado de la desaparición forzada en México, el marco legal e institucional y la situación del derecho a la justicia, a la verdad y a la reparación; así como la realidad que enfrentan grupos en situación de particular vulnerabilidad, tales como migrantes, mujeres, defensores de derechos humanos y periodistas.


“México enfrenta una complicada situación en materia de seguridad pública debido al incremento de la violencia”, sostuvo el grupo de expertos. “Las preocupaciones en materia de seguridad pública respecto al crimen organizado son reales y el Grupo de Trabajo reconoce el derecho y el deber del Estado mexicano de perseguir la criminalidad”.


No obstante, para el Grupo de Trabajo “esta situación no se puede enfrentar a expensas del respeto de los derechos humanos, ni permitiendo la práctica de las desapariciones forzadas”. En su opinión, “los operativos militares desplegados en el contexto de la seguridad pública deben ser estrictamente restringidos y adecuadamente supervisados por autoridades civiles”.


El grupo de expertos considera que “las víctimas de desaparición forzada no confían en el sistema de justicia, ni en los Ministerios Públicos, la policía o las fuerzas armadas, especialmente debido a la impunidad en casos de desapariciones forzadas y los insuficientes esfuerzos para determinar la suerte o el paradero de las personas desaparecidas, para sancionar a los responsables y para brindar reparaciones”.


En su informe, los expertos saludan la apertura del Gobierno mexicano y los positivos cambios constitucionales aprobados en el año 2011 en materia de derechos humanos. Al mismo tiempo advierten que “no existe una política pública integral y marco legal que se ocupe de los diferentes aspectos de las desapariciones forzadas”. En tal sentido, el Grupo de Trabajo formula 33 recomendaciones que abarcan desde la prevención, investigación, sanción y reparación de las víctimas de desapariciones forzadas, hasta la protección de grupos en situación de especial vulnerabilidad. 


Durante su misión a México, del 18 al 31 de marzo del 2011, el Grupo de Trabajo visitó varias ciudades del país y se reunió con autoridades, organismos públicos de derechos humanos, organizaciones no gubernamentales, familiares de personas desaparecidas forzosamente, víctimas de desaparición forzada y otros actores de la sociedad mexicana. 


En la presentación del informe en la Ciudad de México participó el Sr. Ariel Dulitzky, uno de los miembros del Grupo de Trabajo, a través de una videoconferencia, así como representantes del Gobierno Federal, de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, miembros de la sociedad civil y familiares de las víctimas. 

Idus de Marzo



15 de Marzo 44 A.C. Gaius Iulius Cessare es apuñalado en pleno día en la puerta del senado...asesinado por sus más cercanos colaboradores. Entre los asesinos de César se encontraba una persona en particular que apreciaba  el primer intento de emperador de Roma: Marcus Junius Brutus. Todo  el mundo sabe la extraña facinación de Julio César hacia Alejandro Magno, aunque más que admiración, en realidad se podría tratar de envidia. Alejandro a los 26 años controlaba todo el mundo conocido e hizo de Macedonia la nueva cúspide del poder en el Egeo tras la decadencia de los Griegos. César a los treinta años lamentaba no haber logrado tales hazañas, sin embargo este general logró desestabilizar siglos del control de la aristocracia romana marcando el final de la República Romana y el comienzo del Imperio, aunque al inicio se pretendía establecer un sistema similar al de la extinta Monarquía Romana. Sin embargo logró su poder cuando Roma se encontraba inmersa en la Guerra Civil, la plebe temía por su seguridad mientras las familias patricias se disputaban la influencia del senado. La miseria amenazaba la gran urbe romana, si bien aún conservaba control sobre sus territorios ocupados. La Pax Romana sería reestablecida por el hijo adoptivo de César, Octavio posteriormente llamado Augusto.

 Muerte de Julio César (Vincenzo Camuccini, 1798)


     En relación a la muerte de César se podría considerar un asesinato por envidia por parte de sus colaboradores, debido a su nombramiento como el primer Dictador Vitalicio de Roma. Cabe destacar que el pueblo romano le amaba y era profundamente popular, mientras las familias patricias se hacían de influencias conqueteando entre sí y continuando con sus sistemas corruptos que arrastraban a Roma al colapso (esto me resulta terriblemente familiar), Iulius se acercó a la plebe ganando de este modo la lealtad de los romanos. Esta hábil estrategia le aseguró no solamente la protección política que necesitaba, si no la personal debido a la lealtad que le juraron no solamente la plebe si no de los legionarios quienes admiraban sus dotes militares probadas en la batalla de Alesia. Si el ejército te apoya, tienes un plan de acción y encima de todo tienes a toda una nación a tus pies, evidentemente se piensa en un golpe de Estado. Su creciente popularidad preocupó al senado entre ello Marcus Catus y Marcus Marcellus, quienes comenzaron a darle caza. Entre ellos Pompeyo general retirado y antiguo aliado de César. Derrotando a sus enemigos César se convirtió en paradigma de los poderosos, sin embargo lo hermoso de su historia es que resalta la mortalidad de los hombres. Sin embargo ningún poder viene a nuestras manos sin que nuestros apetitos se vean satisfechos. Es entonces cuando se debe frenar el avance de la codicia de los reyes

     Brutus estableció un magnicidio, sin embargo los perpetradores lo hicieron con el fin de mantener sus cabezas en su cuello, mientras Brutus lo hizo por el bienestar de Roma. No importa cuanto respetes o admires a tu mentor o tutor, si éste comienza a hacer algo que atente contra lo que realmente importa, las vidas de seres humanos, la integridad de la nación y sus acciones signifiquen la condenación de millones de personas, SE LE DEBE DETENER DE RAÍZ. El amor no debe cegar los defectos de nuestros tutores , aquello nos convierte en meros apéndices de su sombra. 



Julio César de Shakespeare


(Marco Antonio se dirige al pueblo romano congregado en el Foro, llevando en brazos el cadáver de César, apuñalado por los libertadores, encabezados por Casio y Bruto. Los ciudadanos rugen de alegría por la muerte del tirano y abuchean a Marco Antonio, el mejor amigo de Julio César)
Antonio: Amigos, romanos, compatriotas, escuchadme: he venido a enterrar a César, no a ensalzarlo. El mal que hacen los hombres les sobrevive; el bien suele quedar sepultado con sus huesos. Que así ocurra con César
Bruto os ha dicho que César era ambicioso: si lo fue, era la suya una falta grave,y gravemente la ha pagado. Por la benevolencia de Bruto y de los demás, pues Bruto es un hombre de honor, como lo son todos, he venido a hablar en el funeral de César.
Fue mi amigo, fiel y justo conmigo; pero Bruto dice que era ambicioso. Bruto es un hombre honorable. Trajo a Roma muchos prisioneros de guerra, cuyos rescates llenaron el tesoro público. ¿Puede verse en esto la ambición de César? Cuando el pobre lloró, César lo consoló. La ambición suele estar hecha de una aleación más dura. Pero Bruto dice que era ambicioso y Bruto es un hombre de honor.
Todos visteis que, en las Lupercales, le ofrecí tres veces una corona real, y tres veces la rechazó. ¿Eso era ambición? Pero Bruto dice que era ambicioso y es indudable que Bruto es un hombre de honor.
No hablo para desmentir lo que Bruto dijo, sino que estoy aquí para decir lo que sé
Todos le amasteis alguna vez, y no sin razón. ¿Que razón, entonces, os impide ahora hacerle el duelo? ¡Ay, raciocinio te has refugiado entre las bestias, y los hombres han perdido la razón!... Perdonadme. Mi corazón está ahí, en esos despojos fúnebres, con César, y he de detenerme hasta que vuelva en mí...
Primer ciudadano: Creo que hay mucha sabiduría en lo que dice
Segundo ciudadano: Si te paras a pensarlo, César cometió un gran error
Tercer ciudadano: ¿Ah, si? Me temo que alguien peor ocupará su lugar.
Cuarto ciudadano: ¿Le has prestado atención? No creo que él quisiera tomar la corona. Y por lo tanto, no era un ambicioso.
Primer ciudadano: Y si se descubriera que lo fue… algunos lo soportaríamos.
Segundo ciudadano: Pobrecillo, sus ojos están rojos como el fuego de llorar…
Tercer ciudadano: No hay nadie más noble en Roma que Antonio.
Cuarto ciudadano: Préstale atención, que empieza a hablar otra vez.
Antonio: Ayer la palabra de César hubiera prevalecido contra el mundo. Ahora yace ahí y nadie hay lo suficientemente humilde como para reverenciarlo.¡Oh, señores! Si tuviera el propósito de excitar a vuestras mentes y vuestros corazones al motín y a la cólera, sería injusto con Bruto y con Casio, quienes, como todos sabéis, son hombres de honor. No quiero ser injusto con ellos. Prefiero serlo con el muerto, conmigo y con vosotros, antes que con esos hombres tan honorables!
Pero aquí hay un pergamino con el sello de César. Lo encontré en su gabinete. Es su testamento. Si se hiciera público este testamento que, perdonadme, no tengo intención de leer, irían a besar las heridas de César muerto y a empapar sus pañuelos en su sagrada sangre. Sí. Suplicarían un cabello suyo como reliquia, y al morir lo mencionaría en su testamento, como un rico legado a su posteridad!
Cuarto ciudadano: Queremos escuchar el testamento. Léelo, Marco Antonio
Todos los ciudadanos: ¡El testamento!. ¡El testamento! Queremos escuchar el testamento del César.
Antonio: Tened paciencia, amigos. No debo leerlo. No es conveniente que sepáis hasta que extremo os amó César. No estáis hechos de madera, no estáis hechos de piedra, sois hombres, y, como hombres, si oís el testamento de César os vais a enfurecer, os vais a volver locos. No es bueno que sepáis que sois sus herederos, pues si lo supierais, podría ocurrir cualquier cosa.
Cuarto ciudadano: Lee el testamento. Queremos escucharlo, Antonio: debes leernos el testamento, el testamento de Cesar.
Antonio: ¿Queréis tener paciencia? ¿Queréis esperar un momento? He ido demasiado lejos en deciros esto. Temo agraviar a los honorables hombres cuyos puñales traspasaron a César. ¡Lo temo!
Cuarto ciudadano: ¡Esos hombres honorables son unos traidores!
Todos los ciudadanos:¡El testamento! ¡El testamento!
Segundo ciudadano: ¡Son unos miserables asesinos! ¡El testamento! ¡Lee el testamento!
Antonio: ¿Me obligáis a que lea el testamento? En ese caso, formad círculo en torno al cadáver de César, y dejadme mostraros al que hizo el testamento.¿Bajo? ¿Me dais vuestro permiso?
Todos los ciudadanos: ¡Baja!
Segundo ciudadano: ¡Baja!
Tercer ciudadano: ¡Tienes permiso!
Cuarto ciudadano: Acercaos, haced un círculo.
Primer ciudadano: Haced sitio al cadáver.
Segundo ciudadano: Haced sitio al noble Antonio.
Antonio: ¡No me empujéis! ¡Alejaos!
Todos: ¡Atrás, atrás!
Antonio: Si tenéis lágrimas, preparaos a derramarlas. Todos conocéis este manto.Recuerdo la primera vez que César se lo puso. Era una tarde de verano, en su tienda, el día que venció a los nervos. ¡Mirad: por aquí penetró el puñal de Casio! ¡Ved que brecha abrió el envidioso Casca! ¡Por esta otra le apuñaló su muy amado Bruto! Y al retirar su maldito acero, observad como la sangre de César lo siguió, como si abriera de par en par para cerciorarse si Bruto, malignamente, la hubiera llamado.Porque Bruto, como sabéis, era el ángel de César. ¡Juzgad, oh dioses, con que ternura le amaba César! ¡Ese fue el golpe más cruel de todos, porque cuando el noble César vio que él lo apuñalaba, la ingratitud, más fuerte que las armas de los traidores, lo aniquiló completamente. Entonces estalló su poderoso corazón, y, cubriéndose el rostro con el manto, el gran César cayó a los pies de la estatua de Pompeyo, al pie de la cual se desangró...¡Oh qué funesta caída, conciudadanos! En aquel momento, yo, y vosotros, y todos, caímos, mientras la sangrienta traición nos sumergía. Ahora lloráis, y me doy cuenta que empezáis a sentir piedad. Esas lágrimas son generosas. Almas compasivas: ¿por qué lloráis, si sólo habéis visto la desgarrada túnica de César?
Mirad aquí. Aquí está, desfigurado, como veis, por los traidores.

Primer ciudadano: ¡Penoso espectáculo!
Segundo ciudadano: ¡Ay, noble César!
Tercer ciudadano: ¡Funesto día!
Cuarto ciudadano: ¡Traidores! ¡Miserables!
Primer ciudadano: ¡Sangrienta visión!
Segundo ciudadano: ¡Queremos venganza!
Todos: ¡Venganza! ¡Juntos! Perseguidlos, quemadlos, matadlos, degolladlos, no dejar un traidor vivo!
Antonio: ¡Conteneos, ciudadanos!
Primer ciudadano: ¡Calma! ¡Escuchemos al noble Antonio!
Segundo ciudadano: Lo escucharemos, lo seguiremos y moriremos por él
Antonio: Amigos, queridos amigos: que no sea yo quien os empuje al motín. Los que han consumado esta acción son hombres dignos. Desconozco qué secretos agravios tenían para hacer lo que hicieron. Ellos son sabios y honorables, y no dudo que os darán razones. No he venido, amigos, a excitar vuestras pasiones. Yo no soy orador como Bruto, sino, como todos sabéis, un hombre franco y sencillo, que quería a mi amigo, y eso lo saben muy bien los que me permitieron hablar de él en público. Porque no tengo ni talento, ni elocuencia, ni mérito, ni estilo, ni ademanes, ni el poder de la oratoria para enardecer la sangre de los hombres. Hablo llanamente y sólo digo lo que vosotros mismos sabéis.Os muestro las heridas del amado César, pobres, pobres bocas mudas, y les pido que ellas hablen por mí. Pues si yo fuera Bruto, y Bruto Antonio, ese Antonio exasperaría vuestras almas y pondría una lengua en cada herida de César capaz de conmover y amotinar los cimientos de Roma.
Todos: Nos amotinaremos.
Primer ciudadano: ¡Quemaremos la casa de Bruto!
Tercer ciudadano: ¡Vamos, pues, persigamos a los conspiradores!
Antonio: Escuchadme, ciudadanos. Escuchadme lo que tengo que decir.
Todos: ¡Alto! Escuchemos al noble Antonio.
Antonio: ¡Pero, amigos, no sabéis lo que vais a hacer! ¿Qué ha hecho César para merecer vuestro afecto? No lo sabéis. Yo os lo diré. Habéis olvidado el testamento de que os hablé.
Todos: ¡Es verdad, el testamento! Esperemos a oír el testamento.
Antonio: Aquí está, con el sello de César. A todos y cada uno de los ciudadanos de Roma, lega setenta y cinco dracmas.
Ciudadano segundo: ¡Noble César! ¡Vengaremos su muerte!
Tercer ciudadano: ¡Oh, magnánimo César!
Antonio: Tened paciencia y escuchadme:
Todos: ¡Alto!
Antonio: Lega, además, todos sus paseos, sus quintas particulares y sus jardines, recién plantados a este lado del Tíber. Los deja a perpetuidad a vosotros y a vuestros herederos, como parques públicos, para que os paseéis y recreéis.
¡Éste sí que era un César! ¿Cuando tendréis otro como él?