domingo, 8 de enero de 2012

El arma más poderosa del mundo...(Segunda parte)

 Las cosas si pueden ponerse peor...

Una vez puesto en marcha el sistema, siempre había alguien endeudado. Al final del segundo periodo Rufus pudo ejecutar algunas de las hipotecas de los que no habían logrado equilibrar sus activos y pasivos. Pero los vecinos entendieron que lo hiciera: era justo que cobrara por su trabajo después de todo. A medida que pasaban los años, vio como aumentaba su patrimonio gradualmente y porsupuesto se frotó las manos satisfecho: pronto podría dedicarse a vivir de las rentas.  Lo peor apenas comienza, siendo iniciado por el interés, las ramas de la deuda tristemente atarán a toda la humanidad. La ficción siempre supera a la realidad. 

    Las personas que ganaron más dinero con el sistema de Rufus pensaron que su caja fuerte (en la que tenían el oro no utilizado para fabricar las monedas y que estaba protegida por los guerreros que facilitó el gobierno) podía ser el lugar más seguro para almacenar sus ganancias y evitar que se las robaran. Pidieron a Rufus que les permitiera guardar su oro ahi a cambio de una pequeña cuota variable, según el tiempo y la cantidad a proteger. Rufus les extendió un recibo que certificaba la operación, pidiendo que no lo perdieran o de lo contrario, no les devolvería su dinero, pues tampoco podía recordar los datos de todo el mundo. Había nacido la banca.  Con el tiempo todos los miembros de la tribu conocieron los recibos. Confiaban tanto en ellos que a alguien se le ocurrió comprar con uno y pagar con otro, ya que era el equivalente del oro guardado en la caja fuerte.

Oro templarío

     Poco tiempo después todos comenzaron a hacer lo mismo: usar recibos como si fueran monedas ya que resultaban más cómodos de guardar y llevar. De este modo apareció el papel moneda, pero Rufus decidió ir un paso más allá: no velvería a fabricar monedas físicas, si no que usaría las que tenía guardadas la próxima vez que alguien le pidiera efectivo, aunque fueran de algún otro depositario. Al fin y al cabo nadie diferenciaba una moneda de la otra. Y comenzó a prestar dinero "inexistente", ya que las piezas entregadas en realidad no eran nuevas. Sin embargo Rufus siguió cobrando igual, con lo que sus beneficios -el famoso 5 %- crecieron aún más sin arriesgar nada a cambio, excepto la posibilidad que alguien le descubriera, lo que era prácticamente imposible ya que a esas alturas todo mundo confiaba en él. Era un respetado miembro de la comunidad, eje principal del sistema económico, y el único que comprendía sus complejas cuentas.

     Un día uno de los vecinos solicitó un préstamo enorme. Le había ido muy bien a su negocio y quería comprarse un barco para comerciar con otras regiones, pero el proyecto era costoso y debía pagar a varios proveedores. Sabiendo Rufus el uso que hacía de sus recibos como papel monedal le sugirió al solicitante que abriera un depósito formal a su nombre y que, en lugar de las monedas recibiera varios recibos con el valor correspondiente en oro. El activo empresario aceptó y se fue a pagar a su proveedor con su recibo. El orfebre estaba eufórico: ya no necesitaba ni siquiera facilitar las monedas de oro para luego guardar el sobrante, le bastaba con firmar un un papel que atestiguara la existencia del préstamo. De hecho, poco después los vecinos empezaron a guardar sus recibos también en su caja fuerte...el siguiente paso lo dió el mismo empresario del barco. Tenía que abonar una cantidad a un  último proveedor, pero estaba demasiado ocupado cargando la nave para partir aprovechando la marea, por lo que escribió a Rufus pidiéndole que transfiriera parte del dinero que tenía en su cuenta a la del proveedor, a fin de saldar la deuda. El orfebre consideró la petición un poco singular, pero enseguida vio sus posibilidades: borrar una cifra de una cuenta y anotarla en otra le llevaba apenas unos minutos y podría cobrar otro pequeño extra por el servicio. En cuanto llegó esta variante a los oídos de sus vecinos, esta variante de pago se puso de moda. Esas notas cortas se llamaron cheques.
Orfebres Medievales


    Como el comercio marchaba muy bien en líneas generales, la petición de dinero era cada vez mayor. Rufus acabó prestando varias veces la misma cantidad de oro -en forma de papel moneda o cheques- a distintas personas gracias a su técnica de limitarse a anotar y borrar cifras de una cuenta a otra. Sin embargo dormía intranquilo todo funcionaría bien siempre que tuviera la confianza de la sociedad y a los dueños reales del dinero no se les ocurriera que se les devolviera sus monedas al mismo tiempo. A nadie de la sociedad se le había ourrido que los estuvieran estafando, ya que según ellos su sociedad había mejorado.

     La fama de Rufus se había extendido al grado que las personas de otras poblaciones solicitaron a sus orfebres que pusieran en práctica la misma estrategia para prosperar. Éstos orfebres se presentaron en la casa de Rufus e inmediatamente él les explicó su plan para que pudieran hacer lo mismo en sus respectivas cominudades, porque se dió cuenta de que necesitaba socios. Todo funcionaba bien pero el sistema avanzaba a tal velocidad, que podía írsele de las manos a Rufus, y si algún día tuviera algún problema (como la falta de liquidez), le vendría bien contar con aliados que le pudieran echar una mano. Rufus se lo propuso al resto de los orfebres y éstos aceptaron elaborar un pacto para repartirse las zonas de influencia sin hacerse competencia directa, ayudarse en el desarrollo de la estrategia, transferir los fondos reales en caso de emergencia, reconocer los recibos de los demás cuando llegaran a su tribu y reunirse periódicamente para discutir los resultaos obtenidos. Después, cada cual puso en marcha su propia actividad.

     La expansión del sistema catapultó aún más el prestigio de Rufus y sus socios, que fueron alabados por ayudar al entendimiento entre las tribus, pero también les trajo sus primeros dolores de cabeza: los falsificadores, personas que habían descubierto por su propia cuenta lo fácil que era engañar a las personas si lograban fabricar copias lo bastante buenas del papel moneda o los cheques para comerciar ilegalmente. Semejante amenaza llevó a los "orfebres" a solicitar una reunión con los gobiernos de sus respectivas tribus, a los que plantearon el problema y una posible solución con dos puntos básicos. El primero consistía en que fuera el gobierno de cada comunidad el que se responsabilizara de imprimir billetes de diverso valor para sustituir los recibos de valor fijo emitidos por los "orfebres". Los nuevos billetes serían confeccionados con un papel muy difícil de falsificar y el gobierno les daría el visto bueno, dándoles su firma y garantía a cada uno. Evidentemente también se encargaría de perseguir a quienes osaran falsificar. Eso si, Rufus y los suyos seguirían controlando los flujos monetarios y decidiendo cuántos billetes se fabricarían. El segundo punto obligaba a controlar las minas y nuevas explotaciones de oro y metales preciosos utilizados para la fabricación de monedas con el fin de evitar que otros fabricaran su propio dinero imitando los sellos oficiales. Cualquier persona que encontrara pepitas debía entregarlas al gobierno a cambio de billetes controlados. Los gobiernos aceptaron la propuesta y actuaron en consecuencia.
     El intercambio de dinero se agilizó nuevamente, puesto que todos querían probar los nuevos billetes, que además permitían nuevas combinaciones para la compra y venta. Con el tiempo sin embargo se siguió comprobando que el 90% de las transacciones seguían haciéndose con cheques o transferencias. Sin embargo las cosas aún no han llegado a su clímax.
   



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