viernes, 16 de diciembre de 2011

Al final del año le toca a mi abuelito Ángel

Una vez hace más de 110 años nació en Tultepec un hombre muy inteligente y singular llamado Refugio Hernández, a quién simplemente le llamaba mi papá Cuco. Hombre inteligente y con una memoria que sorprendía siempre, era literalmente una enciclopedia de Historia ambulante. Mis papás me contaban los relatos que mi bisabuelo contaba sobre su vida (una vida por cierto bastante curiosa), sobre todo de la época de la Revolución Mexicana y la epidemia de gripe española. No puedo dejar de decir cuánto me encanta que nadie de la familia de mi bisabuelo Cuco haya muerto a causa de la epidemia, y ahora entiendo la razón de que siempre que Cuco llegaba a un lugar preguntaba ¿quién vive? frase que se ha convertido en una muletilla de presentación de los Hernández. Sin embargo ahora voy a hablar de mi abuelito Ángel Hernández, el segundo hijo de Cuco y doña Aurorita y hombre bastante alto (algunos rasgos genéticos de la teoría de Mendel deberían ser puestos en discución a mi criterio).
    La verdad siempre mi abuelito fue una persona reservada que tenía un gran conocimiento sobre el cultivo de maíz y alfalfa, además de ser un excelente obrero en la antigua (hasta hace ocho años a causa del beneficio corporativo) fábrica de Goodyear en Cuautitlán. Mi abuelo tuvo una juventud normal, pero en los años treinta y cuarenta, mi pueblo era mayoritariamente rural y muy poca gente tenía acceso a los servicios básicos de salud y educación, mi abuelo fue afortunado ya que tuvo una buena educación. En aquellos años tras la Segunda Guerra Mundial, varias manufactureras europeas (con el fin de abaratar costos tras la reconstrucción) se instalaron en América Latina. Mi abuelo aprovechó aquella oportunidad y consiguió trabajo en Goodyear. Él mismo nos contaba que "era un chamaco" cuando entró a trabajar no como obrero, si no como aydante general. Hacía todo tipo de trabajos pero aprendió rápidamente en base a la observación y por ello le confiaban reparaciones. Pronto sus empleadores notaron su potencial y le ofrecieron trabajo como obrero en el sector más básico, sin embargo aprendía tan rápido y era tan eficiente que pronto se convirtió en un trabajador de confianza.
     En 1954 se casó con una muchacha del "lejano vecino de Tultepec",  Melchor llamada Heriberta. Al año siguiente nacería mi progenitor Miguel Ángel (el conse de la familia), tanto mi abuelo como mi papá eran muy, pero muy, pero muuuuyyy aficionados al futbol. El equipo favorito por tradición familiar ha sido el Cruz Azul (francamente no entiendo porqué), así que mi papá jugaba en el equipo local del pueblo y mi abuelo era el entrenador, sin embargo mi abuelito siempre ponía la educación por encima de todo y a los 18 años le dió un ultimatum a mi papá: o futbol o univesidad. Por supuesto mi papá eligió la universidad.
     En los setenta, no sé exactamente el año francamente, la fábrica eligió a mi abuelito para ir a Alemania con el fin de aprender a utilizar la nueva maquinaria. Según mi contaron fue muy gracioso porque cuando mi abuela Beta se enteró casi cuando mi abuelo ya estaba en el avión (también mi papá fue muy ojete al no decirle a Beta). Durante ese periodo en tierras germanas mi abuelito descubrió el gusto en común de los mexicanos y los alemanes por la buena comida, al grado que decía que no extrañaba los guisos de Beta. La verdad para haber sido un viaje por motivos de trabajo, casi visitó todo el país: desde Berlín hasta la selva negra de Freiburg. Se la pasó muy bien pero según nos contó, pero se indignó mucho ya que la maquinaria que le enseñaron en Alemania era algo que nunca instalarían en México (sus máquinas eran terriblemente viejas en comparación). Por ello siempre nos instaba a buscar más allá de lo que nos enseñaban para estar mejorar las condiciones de vida de nuestra gente, así como para buscar alternativas viables sin importar lo limitado de muestros recursos, debo añadir que por ello que siempre nos repetía la importancia de tener un pensamiento crítico que fuera constructivo (no se admiten pendejadas en una mente fuerte), además de la importancia del cuestionamiento para llegar a la verdad. En Alemania igualmente concoció a varios veteranos de la segunda guerra, se sorprendió de cómo una ciudad puede levantarse de las cenizas. Al mismo tiempo agradeció que el nunca tuvo que ver escenas de guerra, solo suspiros de exoeriencias ajenas.
      A inicios de la década de los ochenta mi abuelito se jubiló, se dedicó a cuidar sus tierras y aún recuerdo cuando nos llevaba a conocer los maizales y el montaba a caballo o manejaba su tractor. En esa época ya tenía a alguien de confianza que trabajaba la tierra por él. Como era muy apreciado en el pueblo, le ofrecieron un puesto como regidor municipal, nuevamente se nos idignó porque cuando el municipio se gastaba los recursos (que sorpresa) para cubrir la cuota pretendían no pagarle a los barrenderos. Mi abuelito evidentemente se en...ojó por aquella injusticia, por lo que él no cobraba su salario con el fin de que se le pagara a los barrenderos. Pero siempre estaba atento de que el dinero llegara a los trabajadores, la verdad me siento bastante orgullosa de mi abuelo. Siempre nos inculcó a mis papás la búsqueda de la justicia, y a su vez me inculcaron aquellos valores. En agosto de 2004 mi abuelito pasó a mejor vida, pero nunca he olvidado sus enseñanzas y pretendo aprender de sus errores, de hecho mi abuelito me regaló una foto fechada en 1918 de mi bisabuela Aurorita, así como un libro de inicios del siglo XIX sobre filosofía médica. Muy apropiado dada mi historia de vida. A mi viejo Ángel...


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