miércoles, 23 de abril de 2014

Discurso de Gabriel García Márquez al recibir el premio Nobel

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen. 

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonios más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.
Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.
De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega.
Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.
Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.
No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.
América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.
No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.
Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.
Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: «Me niego a admitir el fin del hombre». No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.
Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.
Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.
En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía.

martes, 15 de abril de 2014

Seguridad y política de Estado (I)


Este artículo, primera de dos partes, está adaptado de una conferencia dictada por Noam Chomsky el 28 de febrero, bajo el auspicio de la Fundación para la Paz en la Era Nuclear, en Santa Bárbara, California

Un principio rector de la teoría de las relaciones internacionales es que la mayor prioridad del Estado es garantizar la seguridad. Según la fórmula aceptada de George F. Kennan, estratega de la guerra fría, el gobierno es creado para garantizar el orden y la justicia en el interior y proveer a la defensa común.
Parece una proposición plausible, casi evidente por sí misma, hasta que miramos más de cerca y preguntamos: ¿seguridad para quién? ¿Para la población en general? ¿Para el poder del Estado mismo? ¿Para los sectores dominantes?
Según a lo que nos refiramos, la credibilidad de la proposición varía de desdeñable a muy alta.
La seguridad para el poder del Estado está en el punto más alto, como ilustran los esfuerzos de los estados por protegerse del escrutinio de sus propias poblaciones.
En una entrevista en la televisión alemana, Edward J. Snowden señaló que su momento de decisión llegó cuando vio al director de inteligencia nacional, James Clapper, mentir abiertamente bajo juramento en el Congreso, al negar la existencia de un programa de espionaje interno dirigido por la Agencia de Seguridad Nacional.
Snowden explicó: El público tenía derecho a saber de esos programas. A saber lo que el gobierno hace en su nombre, y lo que hace en contra del público.
Lo mismo pudieron haber dicho con justicia Daniel Ellsberg, Chelsea Manning y otras valerosas figuras que actuaron con base en el mismo principio democrático.
La postura del gobierno es muy diferente: el público no tiene derecho a saber, porque de ese modo se vulnera la seguridad… en grado severo, afirman los funcionarios.
Existen varias razones para tomar con escepticismo esa respuesta. La primera es que es casi por completo predecible: siempre que se expone un acto del gobierno, éste por reflejo aduce la seguridad. Por tanto, la respuesta predecible conlleva poca información.
Una segunda razón para el escepticismo es la naturaleza de la evidencia presentada. John Mearsheimer, especialista en relaciones internacionales, escribe: “En un principio, de modo nada sorprendente, el gobierno de Obama sostuvo que el espionaje de la NSA tuvo un papel esencial para detener 54 conjuras terroristas contra Estados Unidos, con lo que dio a entender que tuvo una buena razón para violar la cuarta enmienda.
Sin embargo, era mentira. El general Keith Alexander, director de la agencia, reconoció a la larga, ante el Congreso, que sólo en un caso se podía hablar de éxito, y se refirió a atrapar un migrante somalí y tres compañeros que vivían en San Diego, quienes habían enviado 8 mil 500 dólares a un grupo terrorista en Somalia.
A una conclusión similar llegó el Consejo de Supervisión de la Privacidad y las Libertades Civiles, instituido por el gobierno para investigar los programas de la NSA y que, por consiguiente, tuvo acceso extensivo a materiales clasificados y a funcionarios de seguridad.
Existe, desde luego, un sentido en el cual la seguridad está amenazada por la conciencia pública: la seguridad del poder del Estado al ser expuesto.
El concepto fundamental fue bien expresado por el economista político Samuel P. Huntington, de Harvard: Los arquitectos del poder en Estados Unidos deben crear una fuerza que sea sentida, pero no vista. El poder sigue siendo fuerte cuando permanece en la oscuridad; expuesto a la luz, comienza a evaporarse.
En Estados Unidos, como en todas partes, los arquitectos del poder entienden bien ese aserto. Quienes han examinado la enorme masa de documentos desclasificados en, por ejemplo, la historia del Departamento de Estado, no dejan de notar con cuánta frecuencia la primera preocupación es la seguridad del poder del Estado frente al público, no la seguridad nacional en cualquier sentido significativo.
A menudo el intento de mantener el secreto es motivado por la necesidad de garantizar la seguridad de poderosos sectores nacionales. Un ejemplo persistente es conocido erróneamente como acuerdos de libre comercio, erróneamente porque violan de manera radical los principios del libre comercio y en esencia no tienen nada que ver con el comercio, sino más bien con los derechos del inversionista.
Estos instrumentos, por lo regular, se negocian en secreto, como la actual Asociación Transpacífico… no en completo secreto, por supuesto. No son secretos para los cientos de cabilderos empresariales y abogados que redactan las detalladas normas, cuyo impacto es revelado por las pocas partes que han llegado al público por medio de Wikileaks.
Conforme a la razonable conclusión del economista Joseph E. Stiglitz, la oficina del representante comercial de Estados Unidos representa los intereses de los consorcios, no los del público, y por tanto la probabilidad de que los resultados de las negociaciones sirvan a los intereses de los ciudadanos comunes y corrientes del país es baja; la perspectiva para los ciudadanos comunes de otros países es aún más débil.
La seguridad del sector empresarial es una preocupación regular de las políticas del gobierno, lo cual apenas si sorprende, dado que en principio ese sector es el que formula las políticas públicas.
En contraste, existe evidencia sustancial de que la seguridad de la población del país –que es como se supone que se debe entender el término seguridad nacional– no es una alta prioridad de la política del Estado.
Por ejemplo, el programa global de asesinatos con drones que impulsa el presidente Obama, con mucho la campaña terrorista más grande del planeta, es también una campaña generadora de terror. El general Stanley A. McChrystal, comandante de las fuerzas de Estados Unidos y de la OTAN hasta que fue relevado del cargo, hablaba de las matemáticas de la insurgencia: por cada persona inocente que se mata, se crean 10 nuevos enemigos.
Este concepto de la persona inocente nos dice hasta dónde hemos llegado en los últimos 800 años, desde la Magna Carta, la cual sentó el principio de la presunción de inocencia, que alguna vez se creyó que era el fundamento del derecho angloestadunidense.
Hoy, la palabra culpable significa designado por Obama para ser asesinado, e inocente quiere decir aún no investido con ese estatus.
La Institución Brookings acaba de publicar The Thistle and the Drone (literalmente, El cardo y el zángano, en alusión al sentir de la tribu y a los aviones no tripulados /T.), muy elogiado estudio antropológico de las sociedades tribales escrito por Akbar Ahmed, subtitulado “Cómo la guerra de EU contra el terrorismo se convirtió en una guerra global contra el islam tribal”.
Esta guerra global presiona a gobiernos centrales represivos para que emprendan ataques contra los enemigos tribales de Washington. La guerra, advierte Ahmed, puede llevar a algunas tribus a la extinción, con graves costos para las sociedades mismas, como se observa ahora en Afganistán, Pakistán, Somalia y Yemen. Y, a final de cuentas, a los propios estadunidenses.
Las culturas tribales, señala Ahmed, se basan en el honor y la venganza: Todo acto de violencia en esas sociedad tribales provoca un contrataque: mientras más duros los ataques contra los hombres de la tribu, más crueles y sanguinarios los contrataques.
El ataque al terror puede volverse contra el país de origen. En la revista británica International Affairs, David Hastings Dunn describe la forma en que los drones, cada vez más sofisticados, son un arma perfecta para grupos terroristas: son baratos, se pueden adquirir con facilidad y poseen muchas cualidades que, al combinarlas, los convierten potencialmente en el medio ideal para un ataque terrorista en el siglo XXI.
El senador Adlai Stevenson III, en referencia a sus muchos años de servicio en el Comité de Inteligencia del Senado, escribe: “La cibervigilancia y el acopio de metadatos forman parte de la reacción continuada al 11-S, que ha producido pocas capturas de terroristas y enfrenta una condena casi universal. En muchas partes se percibe que Estados Unidos está empeñado en una guerra contra el islam, contra chiítas y sunitas por igual, en el terreno, con drones, y mediante testaferros en Palestina, desde el golfo Pérsico hasta Asia central. Alemania y Brasil resienten nuestras intrusiones y, ¿qué se ha ganado con ellas?”
La respuesta es que se ha ganado una creciente amenaza de terror, así como un aislamiento internacional.
Las campañas de asesinatos con drones son un mecanismo por el cual la política de Estado pone a sabiendas en peligro la seguridad. Lo mismo puede decirse de las operaciones de asesinato mediante fuerzas especiales. Y de la invasión a Irak, que aumentó en gran medida el terror en Occidente, confirmando las predicciones de la inteligencia británica y estadunidense.
Estos actos de agresión fueron, una vez más, asuntos de poca monta para sus planificadores, que están guiados por conceptos de seguridad enteramente diferentes. Ni siquiera la destrucción instantánea con armas nucleares ha tenido nunca alta prioridad para las autoridades del Estado. Esto lo veremos en el artículo siguiente.
Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Massachusets, EU). Su libro más reciente es Power systems: conversations on global democratic uprisings and the new challenges to US empireInterviews with David Barsamian (Sistemas de poder: conversaciones sobre levantamientos democráticos en el mundo y nuevos desafíos al imperio estadunidense: entrevistas con David Barsamian).
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/04/06/index.php?section=opinion&article=022a1mun
Traducción: Jorge Anaya.
Enlaces:
Los cables sobre México en WikiLeaks
Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks

lunes, 14 de abril de 2014

Criterios indígenas para la protección del medio ambiente

El triángulo de la maldad en México

La cuadratura capitalista del círculo revolucionario Lectura sobre el retorno del Ecuador al Banco Mundial




 “Mientras más lejos tengamos al FMI y al BM, los grandes culpables de la debacle de América Latina en los últimos 20 años, mejor nos irá”. Rafael Correa, octubre 2007

“El Banco Mundial está atrás de nosotros para colocarnos financiamiento, porque admiran el crecimiento del país y el desempeño de la economía”.Rafael Correa, abril 2014.

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Entre las dos declaraciones presidenciales han pasado casi siete años y mucha agua ha corrido bajo el puente. Desde una lectura superficial, podría creerse que, transcurrido todo este tiempo, han acontecido diversos cambios que podrían explicar esta variación indudablemente significativa de la posición oficial. Y que inclusive esta noticia sería positiva para el país.

Existen varias posibilidades. En términos gruesos podríamos pensar en las dos orillas de un amplio abanico de opciones. Por una parte podría suceder que el Banco Mundial, en estos últimos años, de alguna manera mágica ha abandonado la ortodoxia que le ha caracterizado a lo largo de la historia reciente, hasta llegar a sintonizarse con los procesos propuestos por los gobiernos “progresistas”. La otra opción sería que, en realidad es el gobierno ecuatoriano quien ha abandonado los postulados iniciales del proyecto de Alianza PAÍS en el 2006, presentando importantes logros en línea con las demandas del capitalismo metropolitano, que merecen un reconocimiento del Banco Mundial (1). Entre esas dos aproximaciones, cabrían muchas otras que, de una u otra manera, sintetizan la creciente necesidad de financiamiento externo del gobierno ecuatoriano.

La fiebre por recursos financieros 
Este es o debería ser el punto de partida del análisis: ¿Cómo entender y justificar la creciente demanda de recursos financieros por parte del gobierno?

Desde inicios del proyecto, el esquema económico propuesto por el gobierno del presidente Correa, buscó superar la visión neoliberal recuperando a su vez el papel del Estado en la economía. Parecía que atrás quedaron las imposiciones del FMI y del Banco Mundial, que propiciaban un manejo económico “ortodoxo, conservador y prudente”. El Consenso de Washington, en particular su discurso, había sido archivado como un mal recuerdo de una larga y triste noche para nuestro país. En síntesis, las políticas macroeconómicas restrictivas de inspiración neoliberal asomaban como parte del pasado.

Indudablemente el Estado ha recuperado un papel central en la economía. Y se expresa, por ejemplo, en la cuantiosa inversión pública que requiere de gran cantidad de financiamiento. Pero finalmente ese Estado ha devenido solo un nuevo comensal cada vez más activo en el banquete de una recomposición capitalista. Los ingresos fiscales no han faltado. El gobierno de Correa gana por goleada a cualquier otro gobierno anterior, en lo que se refiere a ingresos por exportaciones petroleras. Este gobierno discurrió bajo condiciones muy particulares de altos precios y demanda en el mercado internacional, y ello le permitió contar con enormes recursos por exportaciones petroleras.

A más de los petroleros, hay que sumar los ingresos tributarios. Igualmente, al inicio de su gestión, el gobierno contó con recursos congelados en diversos fondos petroleros durante los gobiernos anteriores. Así mismo, ha recurrido también al uso productivo de recursos acumulados en la reserva de libre disponibilidad (sobre todo en el momento de mayor impacto de la crisis internacional: 2008-2009). Y el actual, al igual que los gobiernos anteriores, acumuló préstamos del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), aunque en cantidades muy superiores a las entregadas previamente.

Todos estos rubros sumados -petróleo, tributos, préstamos del IESS y otros- superan largamente las disponibilidades financieras de los gobiernos anteriores. A esto se añade el beneficio temporal obtenido por la renegociación de la deuda externa, que permitió alivianar el pago de intereses en el presupuesto del Estado, particularmente en los años 2009 y 2010. Este punto debe ser resaltado, tanto desde una perspectiva meramente fiscal como desde una lectura de economía política para analizar la lógica gubernamental “altiva y soberana”, que hoy se está diluyendo.


El sorpresivo crédito del Banco Mundial 
Los detalles de la línea de crédito propuesta son escuetos. Se trataría de un monto de mil millones de dólares. Esto implica una duplicación del nivel de endeudamiento del Ecuador con el Banco Mundial. Se habla de un período de pago de treinta años, con un lapso de 15 años de gracia. La tasa de interés sería LIBOR más 1%. Y, según las informaciones oficiales, en un principio no habría condiciones… Aunque, como sabemos, las condiciones vienen a la hora de la presentación de proyectos y de los desembolsos de cada tramo.

Sin embargo y antes de caer en triunfalismos apresurados, lo que habría que destacar es que se trata de una mera línea de crédito. Seguramente no tiene las condicionalidades de otras épocas, pero no significa que ese dinero está ya disponible o que el gobierno puede usarlo de la manera que considera más adecuada. Habrá que presentar los respectivos proyectos para que califiquen dentro de las normativas del Banco Mundial.

Cabe recordar que en la actualidad existen dos proyectos financiados por el Banco Mundial. La relación con el organismo multilateral, que desde el año 2007 tuvo un perfil bajo, no impidió que se aprobaran créditos de 205 millones de dólares para el Metro de Quito y 100 millones para un proyecto de sanidad en Manta. (Para obtener estos créditos ya se marginaron las recomendaciones de la auditoria de la deuda pública del 2008). Una primera conclusión nos dice que el gobierno obtuvo una ampliación de la línea de crédito existente y la posibilidad de diversificar las fuentes de financiamiento, cuando podría ser cada vez más difícil obtener más créditos en la CAF o el BID, así como en China. 
¿Eso es todo? No, definitivamente.


Cumplimiento de un ciclo 
Antes de adentrarnos en un análisis de las implicaciones de este crédito, reconozcamos que la deuda externa es, es muchas veces, la expresión más visible de una evolución que va mucho más allá del simple campo financiero y aún económico. No tener esto en mente, impediría hacer un análisis integral de la cuestión.

Para empezar, lo sabemos hasta la saciedad, no cabe afirmar simplemente que la suspensión de pagos de deuda externa sea la causa de las repetidas crisis económicas. Es cierto que la moratoria del año 2009 cerró al Ecuador la puerta de varias líneas de financiamiento y que el país encontró en China una tabla salvavidas financiera. Sin embargo, esa decisión significó algunos beneficios al país. Por ejemplo se consiguió alivianar el peso del servicio de la deuda y, además, el país se desató de las imposiciones de los organismos multilaterales de crédito, entre otros del propio Banco Mundial. Y luego de dicha suspensión de pagos, pasado un tiempo, ahora se opta por regresar a los mercados financieros internacionales.


Vistas así las cosas, los problemas derivados de la deuda externa, que subsistían en los albores del siglo XXI, no son nuevos en la historia ecuatoriana. Desde los primeros empréstitos extranjeros contratados a principios del siglo XIX, hasta la actual deuda, nuestra economía ha atravesado por una serie de períodos recurrentes de auge y crisis, estrechamente vinculados a los ciclos de las economías capitalistas centrales. Esto se explica por la disponibilidad de recursos financieros que son prestados con relativa facilidad en unas épocas y su cobro, en otras. Así, a lo largo de la historia financiera internacional se puede observar que los países deudores que repetidamente toman créditos, tienen un auge, declinan, cesan los pagos, pasa un tiempo vuelven a pedir préstamos y la vida continúa.

Lo que si conviene dejar sentado es que la renegociación del año 2009, que liberó en parte el peso de la deuda sobre la economía, no fue completa. Bastaría con analizar el incumplimiento de las recomendaciones de la Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público en todos los tramos de la deuda externa: bilateral, multilateral e inclusive comercial.


El Banco Mundial, un facineroso conocido 
El gobierno del presidente Correa dispuso en el año 2008 la suspensión del servicio de una parte de la deuda externa comercial, mas no de toda la deuda. Esta suspensión de los pagos o moratoria se enmarcó en una posición programática clara y preconcebida para encontrar mejores condiciones para su renegociación, y no por la imposibilidad de servir la deuda.

El gobierno asumió parcialmente los resultados de la Comisión de Auditoría Integral del Crédito Público. La Comisión fue creada en el año 2007 ante las reiteradas presiones de diversos grupos de la sociedad civil, expresadas desde años atrás y que no fueron cristalizadas en los dos gobiernos precedentes, los cuales habían dado inicialmente algunas señales de apoyar esta iniciativa ciudadana. El trabajo de dicha Comisión, que tenía más un valor ético que jurídico, fue, de todas maneras, contundente para la evaluación de todos los tramos de la deuda pública externa e incluso interna.

En esas condiciones, sin cumplir todas las recomendaciones de dicha Comisión, Correa solo declaró la suspensión de pagos de un tramo de la deuda externa comercial, por considerarla ilegítima e ilegal. Unos meses más tarde, archivando el reclamo de ilegitimidad e ilegalidad en tanto posibilidad de acciones jurídicas concretas, el gobierno de Correa recompró parte de los Bonos Global (a 12 y 30 años, no así los Bonos Global a 15 años), que habían sido declarados en moratoria. No se entienden las razones por las cuales no se impugnaron los Bonos Global 2015, cuya emisión tenía como objeto servir los otros Bonos Global, es decir, provenían de un origen igualmente cuestionable. Y tampoco se comprende por qué no se asumieron las recomendaciones de dicha Comisión para los tramos de la deuda bilateral y multilateral, cargos de irregularidades.

Así las cosas, la indicada auditoría, siendo un ejercicio histórico de relevancia internacional, no llegó a tener una trascendencia mayor al no haberse complementado con las correspondientes respuestas jurídicas y con acciones coherentes.

Te ngamos presente que en Ecuador, tal como ha demostrado el “Informe final de la auditoria integral de la deuda ecuatoriana” (2008), los acreedores privados aseguraron sus intereses en abierto contubernio con los organismos multilaterales de crédito: FMI, Banco Mundial, BID; e, incluso de algunos gobiernos acreedores; casi siempre con el cómplice apoyo de los negociadores nacionales. Siguiendo los hallazgos publicados en este Informe, se configuró una “coalición multilateral para apoyar y asegurar, en primer lugar, la negociación del Plan Brady, cuya legitimidad y legalidad están sólidamente cuestionadas en el examen que la Comisión hace de la deuda comercial; y, con la percepción de ocasión propicia, introducir la doctrina económica del momento relacionada con la reducción del tamaño y rol del Estado, las privatizaciones, la liberalización comercial y productiva, a espaldas de las inequidades prevalecientes y los impactos sociales.”

En la lista de conclusiones de la Comisión de Auditoría se asevera también que: “Existen pruebas suficientes para repudiar los préstamos que conforman el grupo examinado en esta parte de la auditoría de la deuda multilateral e iniciar procesos de anulación y reivindicación soberana”. Además, se reveló “la presencia simultánea de los factores de odiosidad, ilegitimidad, ilegalidad e ilicitud.” En este campo el Banco Mundial fue uno de los actores más destacados. La casi totalidad de créditos otorgados por este organismo multilateral -por ejemplo el proyecto Mosta o el Prodeminca, para citar apenas dos casos- cumplen con esos cuestionamientos. Además, no hay que olvidar que este Banco, en contubernio con su hermano siamés, el FMI, fue uno de los causantes de la aplicación de las políticas de ajuste estructural.

Conocedor de esta realidad, el presidente Correa fue un duro crítico del Banco Mundial. No solo que expulsó al representante de éste casi al asumir la Presidencia de la República, sino que años más tarde, en el año 2013, llegó a solicitar que “debería comenzar su discurso pidiendo disculpas por el daño que el Banco Mundial ha hecho a América Latina y al planeta”, cuando en la XXI Cumbre Iberoamericana en la ciudad de Asunción en Paraguay, se retiró de la sala por la presencia de un representante de dicho banco. Según él, “el Banco Mundial fue uno de los heraldos del neoliberalismo en América Latina”.

Quedan las dudas, por decir lo menos, sobre una posible transformación del papel del Banco Mundial. Es probable que ya no defienda a rajatabla y tan dogmáticamente los planteamientos del neoliberalismo. Pero eso no significa que no siga siendo un engranaje fundamental de la lógica financiera del capitalismo transnacional.

Y no nos olvidemos, la larga historia del endeudamiento externo así lo demuestra, que l a deuda ha sido un mecanismo de exacción de recursos desde los países pobres y de imposición de políticas desde los países ricos. La deuda ha sido y es, en términos de Karl von Clausewitz si hubiera abordado las finanzas y no la guerra, la continuación de la política por otros medios. Desde esta lógica la gestión de la deuda externa engarza con otro axioma del propio Clausewitz, según el cual la deuda ha sido un acto de violencia cuyo objetivo es forzar al país deudor a hacer la voluntad de los acreedores.


Una lectura financiera de un potencial crédito 
Desde el lado de los analistas convencionales, esta línea de crédito del Banco Mundial es vista con buenos ojos. Es positivo, dicen, ya no depender solamente de la banca China, que al parecer no quiere continuar prestándole al país de manera indefinida. Esto, entonces, diversificaría las fuentes de financiamiento. Además, destacan las mejores condiciones crediticias conseguidas. Con estas declaraciones se reconoce también el elemento simbólico que trae aparejado el endeudamiento con el Banco Mundial. Es como que el mundo regresara a su orden natural. Por otro lado, y esto es algo en lo que hay que hacer énfasis, este acercamiento al Banco Mundial podría facilitar el retorno pleno del país al mercado financiero internacional, en el que pretende incursionar este año el Gobierno. En ese sentido se pronunció el presidente Rafael Correa, quien anunció el domingo 6 de abril, en una entrevista televisiva, que se hará “una operación de bonos en el mercado abierto este año” por unos 700 millones de dólares para financiar el presupuesto de inversión.

Por cierto no falta quien demanda regularizar la situación frente a la última moratoria y a los pocos tenedores actuales de bonos (inclusive se ha dicho que con los recursos del Banco Mundial se podría atender el servicio de dichos bonos). En este espíritu de reencuentro también se solicita transparentar todas las cuentas de la deuda con China, una de cuyas características es el elevado grado de opacidad de sus operaciones.

Así se cerraría el tradicional círculo de alejamiento de los mercados financieros, que provocó la moratoria de fines del 2008 impulsada desde posiciones de soberanía del manejo de la deuda para, luego de un tiempo, volver a dichos mercados. Las razones pueden radicar en el cambio de la “política díscola” de un país o en el ablandamiento de las condiciones financieras internacionales, por ejemplo por la creciente disponibilidad de recursos financieros cuya colocación puede hacerse cerrando un ojo para no recordar malos momentos vividos entre deudores y acreedores. Por cierto pueden darse estas dos situaciones. Y no hay duda que en el Banco Mundial celebraran el retorno del Ecuador.


La cuadratura capitalista del círculo revolucionario 
De lo anterior se puede concluir que, más allá de los (supuestos) cambios que puedan existir en el mercado financiero internacional y en el propio Banco Mundial, lo cierto es que la política económica del Gobierno de Correa es vista como el “milagro económico” ecuatoriano por parte de varios analistas internacionales cercanos a los círculos liberales y de los grandes grupos de interés transnacionales.

No podía pasar desapercibido el atractivo que despiertan en esos espacios las apuestas extractivistas de Correa. La explotación del crudo del ITT en el Yasuní, la ampliación de la frontera petrolera en el sur de la Amazonía, la megaminería, la promoción de los agrocombustibles o la ruptura del candado constitucional que prohíbe la importación de semillas transgénicas y los cultivos con dichas semillas. También deben estar en el portafolio de posibles inversiones las grandes obras de infraestructura del Gobierno y las industrias básicas -refinerías, acería, siderurgia, astillero- en las que se asentaría la transformación de la matriz productiva.

También debe seguirse con atención la negociación del TLC con la UE, que más allá del nombre con el que se bautice a dicho acuerdo, es una de las viejas aspiraciones de reducidos grupos de poder nacionales, de muchos inversionistas extranjeros y por cierto de los organismos multilaterales de crédito. Tal vez valdría la pena enmarcar las gestiones realizadas desde la Embajada del Ecuador en Washington, con Nathaly Celi a la cabeza, desde la perspectiva de la vinculación de la embajadora con las élites empresariales y posibles conversaciones para retomar las negociaciones comerciales con los EEUU. Dicho de otra manera, se trata además de un acontecimiento que nos revela los movimientos políticos de grupos de interés dentro y fuera del Gobiern o (y de otra derrota para lo que sea que quede de izquierda dentro del mismo).

Como para cerrar este intento por lograr la cuadratura capitalista de un supuesto proceso revolucionario cabría rescatar la propuesta de inversión millonaria de la Coca-Cola en el Ecuador, cuyo gerente se reunió ya con el presidente Correa. Y en esta línea de regresión política del proceso iniciado en el 2007 asoma el fracaso en manos de presidente Correa de la iniciativa de dejar el crudo bajo tierra en el Yasuní-ITT, construida desde la sociedad civil y asumida por el presidente Correa. Dicho de otra forma, las variaciones de su discurso y las continuas contradicciones, demuestran el retorno del hijo pródigo al redil del capitalismo mundial.

Hoy el presidente recorre las principales universidades de EEUU, vendidendo el “milagro ecuatoriano”, ese que ve incluso al modelo educativo capitalista como la senda a seguir en el Ecuador. Hay que tener en cuenta que el mercantilismo ha permeado todos las instancias gubernamentales y el Estado está decidido a repetir eso en la sociedad. Lo que no se dice es que ese milagro ecuatoriano estará siempre atado a profundizar la modalidad de acumulación primario exportadora.

En síntesis, los discursos revolucionarios y anti imperialistas se desvanecen aceleradamente en el marco de una propuesta de modernización del capitalismo. Todo esto explica los grandes retrocesos que atraviesa el proceso actual, los cuales distan mucho de las alternativas transformadoras que se habían propuesto en un inicio. Y esta deriva regresiva toma tintes cada vez más indetenibles, en la cual el sobreendeudamiento -a partir de lo que nos demuestra la experiencia histórica- exigirá una creciente ampliación de las fronteras extractivas en todos los niveles, relegando la necesidad de abandonar la dependencia y construir una auténtica soberanía económica.



A. Acosta: economista ecuatoriano. Profesor e investigador de la FLACSO-Ecuador. Profesor honorario de la universidad Ricardo Palma, Lima. Exministro de Energía y Minas. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la República. 

1/ Dos preguntas que no tiene aún respuesta: ¿Qué papel jugó el FMI en esta oferta crediticia del BM?, ¿el FMI ya emitió su informe sobre la economía ecuatoriana bajo lo que ordena el Art. 4 de su estatuto?

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

El Nuevo Orden Mundial que se viene


Barómetro Internacional


Las proyecciones de la consultora inglesa PwC, para dentro de apenas 19 años marca un cambio copernicano de las fuerzas mundialistas, por ello no es extraño que Inglaterra acaba de iniciar un proceso para transformarse en la City Financiera del “Modelo Chino”. Sabe muy bien Inglaterra que ello va en contra de su socio principal actual EE.UU. Y de los países europeos a los que siempre despreció, en especial a Francia, (quizás su única tolerancia sea con la vieja Holanda con la que tuvo y tiene viejísimos lazos de amistad y negocios) y de paso controlar a una Alemania por ahora fuerte (es por ello que los capitanes de la industria alemana no quieren saber nada con que la Merkel sancione a Rusia, pues más allá de la dependencia energética de Rusia, saben que su futuro está en el Este para mantener su estatus de potencia económica).
Nunca mejor la cita: “Inglaterra tiene intereses permanentes, no amigos permanentes”.
Este giro mundial, no será sin ruido de sables, seguramente, pues no olvidemos que 300 personas o grupos económicos (especialmente norteamericanos) concentran el 43% de la economía del mundo actual. Y por más que sean empresas transnacionales, han hecho su poder y fortuna con el apoyo del estado norteamericano y no les será muy sencillo adaptarse a las nuevas realidades de pérdida de poder e influencia y seguramente recurrirán al expediente bélico (con distintas argumentaciones) para mantener sus actuales privilegios.
Las proyecciones que hoy son difundidas por PwC, son datos que hasta hace poco manejamos escasos pensadores y expertos en Geopolítica y Relaciones Internacionales, y no porque fueran los mismos “secretos”, es que cada vez que publicamos un trabajo sobre estos cambios, un muro de silencio mediático los ocultaba o si no eran discriminados por los seudo “analistas” internacionales a sueldo (y muy bien pagos) de ese sistema de los 300 antes mencionados, que fueron los implementadores y beneficiarios de la última globalización del siglo XX.
Contra esta corriente de pensamiento (que serían los “políticamente correctos”), los adictos al pensamiento único y al fin de la Historia nos sublevamos muy pocos pensadores. Son contados con la mano en Argentina y Latinoamérica (Jaguaribe-Moniz Bandeira-Barrios-Buela-Cagni-Chino Fernández-Carvajal Aravena-Methol Ferré-Oliva.Gullo-De Paula). Ya en el 2003 decíamos: Que la pirámide de poder mundialista se trocaría con el ingreso de los BRICS. Que las luchas por el control de los recursos Naturales (Petróleo, Gas, Agua) y alimentarios serían las luchas del primer cuarto del siglo XXI. Que la prosperidad de la Unión Europea iría en deterioro y que su talón de Aquiles sería determinante en su retroceso mundial: su Demografía (una Europa envejecida). Que la planificación económica-tecnológica debería ser una herramienta administrada por los Estados en desarrollo y que no podían dejarse las mismas a la “Fuerza del Mercado”. Que el mundo viraría económicamente hacia el área Asia Pacífico.
Todo lo tenemos escrito, y, me pregunto a esta altura y ante los pocos años que quedan para que se consoliden estas macro tendencias. ¿Cuánto tiempo y posicionamientos desperdiciados perdimos? Pero también dimos nuestros aportes de como se debía ingresar a este nuevo orden mundial, que no es otro camino que el del Continentalismo con la creación de organismos que en nuestro caso de Suramericanos les permitirían a nuestras naciones y economías integrarse en los mismos (por ello saludamos a organismos como: Mercosur ampliado, UNASUR, Consejo de Defensa Suramericano (CDS), como herramientas políticas económicas que nos permitirán el ingreso no traumático a este nuevo sistema-mundo en rápida formación. Es tiempo que dirigentes políticos, económicos, sociales, sindicales, religiosos tengan estos temas en su agenda diaria por que es el futuro que llega.

Fuente: http://barometrointernacional.bligoo.com.ve/por-lic-carlos-pereyra-mele-el-nuevo-orden-mundial-que-se-viene

martes, 8 de abril de 2014

Anécdotas familiares.

Como he contado, mi familia cuenta con historias únicas y debo reconocer que hay cosas bastante curiosas. Por ejemplo ahora entiendo porque soy como soy y porque no habría simpatizado con uno de mis bisabuelos. Por ejemplo el hijo del sol (se llamaba Apolonio) tenía una obsesión con la propiedad privada, mientras que mi bisabuelos Cuco y Aurora eran más abiertos a las tendencias sociales. 

   Una anécdota nueva fue que mi tatarabuelo, a pesar de no tener hijos varones, legó sus bienes a su hija, algo inusual en pleno siglo XIX. Otra cosa curiosa es que en su casa se encontraba un libro de Filosofía Médica del año 1803, aunque alguien dibujó algo con crayon rojo. Me llamó la atención porque mi papá era médico. Mi tatarabuelo era muy buen jinete y siempre andaba a caballo presumiendo su barba castaña clara, mis papás decían que les dijeron que era muy barbón.  
    
    En los tiempos de la Revolución Mexicana, el hermano de mi bisabuelo Cuco, cuyo nombre tristemente ignoro, murió en fuego cruzado en el Estado de Morelos cuando regresaba de un viaje de arriero. Afortunadamente alguien trasladó el cuerpo desde Morelos al norte de la Ciudad de México. El hijo del sol detestaba a los revolucionarios, a tal punto que no se les podía mencionar y en sus años crepusculares, a Lázaro Cárdenas. 

    Una tía abuela que tengo de 93 años, tiene en su casa un trozo de colmillo de mamut. Lo malo es que está en malas condiciones que parece estar desintegrándose, aquello me entristece porque considero que debería ir a un museo. Desde hace un tiempo no deja que nadie lo vea, además en lo personal, su casa me da miedito. 

    La casa familiar ha estado en la familia por varias generaciones, he contado hasta seis sin incluirme. Además cuando se hicieron reformas a la casa, se encontraron en el suelo cinco pisos diferentes al cavar. Con la nuestra ahora son seis, ahora se con exactitud la cantidad de remodelaciones que ha tenido. Además es muy común ver sombras caminando por la casa, son tres cabezas muy juntitas. No me da miedo porque estoy acostumbrada a verlas, pero quienes nos visitan aseguran que les asusta (aunque no sepan lo de las sombras).

Las anécdotas que rondan a mi familia son grandes, además que han habido miembros interesantes que son recordados por gente de mi pueblo