miércoles, 25 de marzo de 2015

Por boicot a elecciones, se amenaza asesinar con el ejército a más oaxaqueños y guerrerenses


1. En los estados de Oaxaca y Guerrero, por lo menos –por acuerdos de asambleas multitudinarias- no habrán comicios electorales en junio próximo. Las poblaciones de esos dos estados (alrededor de 8 millones de habitantes) están justamente indignadas contra el gobierno de la República. No solamente por la política de imposición de la reforma educativa privatizadora y la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa durante el gobierno de Peña Nieto; también contra todos los gobiernos anteriores que con sus políticas (durante el Porfiriato y la Revolución Mexicana) han despreciado y abandonado a todos los estados del sur y sureste del país. La respuesta del gobierno ha sido la amenaza de la entrada de ejército y la represión. 2. Obviamente esos dos estados ha sido la vanguardia de las luchas sociales en México, junto a otros como Michoacán, Chiapas, en el sur, y Chihuahua, Nuevo León y Durango, en el norte, que han comenzado a profundizar su conciencia de lucha. En estas entidades, al parecer no habrá un boicot electoral, pero sí se extenderá la abstención del voto porque el descontento de la población ha crecido aceleradamente en los últimos 30 años. En México –de acuerdo a informes y cifras- sólo vota el 50 por ciento de los electores con derecho, a pesar que el gobierno dilapida en los medios de información, en propaganda electoral, en campañas políticas, en regalos, miles de millones de pesos del presupuesto público. ¿Para qué votar si es lo mismo de siempre?
3. Inmediatamente los diputados, senadores y funcionarios de los partidos PRI, PAN, PRD y demás han puesto “el grito al cielo” exigiendo represión contra los luchadores sociales de esos estados. No pueden olvidar esos políticos que cobran entre 300 mil a 600 mil pesos al mes y que brincan de un cargo a otro, que se deben a las “elecciones” y que sin ellas se quedan sin trabajo. “Ni le muevas -dice mi amigo- porque un político sin chamba es un seguro ‘tramitador’ o narcotraficante”. Parece tener razón: ¿Dónde un político puede conseguir esos insultantes salarios más privilegios de viajes al extranjero, pasajes semanales de avión, viáticos, servicio de salud en el extranjero y pago de ayudantes y asesores? Por ello los diputados del PAN, PRD y PRI pidieron represión.
4. Y sí: votar no es una obligación, es un derecho que puede o no ejercerse; depende de las condiciones políticas que vive un país. El sistema electoral fue “conquistado” e impuesto por el sistema capitalista hace por lo menos tres siglos con el nombre de democracia e igualdad. En el feudalismo dominaba la monarquía (gobierno de uno, de reyes), el capitalismo impuso la oligarquía (gobierno de pocos de la burguesía) y le llamó democracia. Con esta palabra nos han engañado como tontos durante siglos. ¿Qué han sido los partidos políticos sino minorías de sectas que imponen a los diputados, senadores, gobernadores y presidentes de la República como candidatos que nadie conoce? Han sido las minorías gobernantes que lesionan al país.
5. En ningún país del mundo ha existido nunca la igualdad, aunque sí la llamada democracia burguesa que no ha sido otra cosa que el poder de la oligarquía, es decir, de los grandes empresarios, de los políticos, del clero y los medios de información. En los últimos 15 años hemos visto a Cuba (aunque este país ya lleva 55 años), Venezuela, Bolivia; a otros países como Ecuador, Nicaragua, Uruguay, Argentina, Brasil, tratar de confrontarse con el imperio asesino yanqui buscando márgenes de independencia con el fin que conquistar un Estado autónomo; pero al parecer eso no lo podrán ver mientras exista el imperio y no lo hayamos podido barrer de la faz de la tierra. ¿Nos ayudará China, India, Rusia, los países islámicos a hacerlo?
6. ¿Hasta dónde llegará la brutalidad policiaca y del ejército, al mando del presidente Peña Nieto, después de las continuas represiones contra la CNTE, el despido de 45 mil electricistas, el asesinato de 23 campesinos de Tlatlaya, la desaparición de 43 estudiantes, los asesinatos en Michoacán, la destitución de Aristegui y su equipo y las amenazas contra Oaxaca y Guerrero? Me pregunta mi amigo: ¿Para qué crees que sirven los paseos por Buckingham, Europa y la Casa Blanca de Washington, las dulces palabras de la reina inglesa y el presidente Obama, sino para reconfortarse y descansar de las protestas en México? Pero no habrá nada que detenga las batallas porque la situación económica y política ha empeorado en los últimos 30 años.
7. Oaxaca y Guerrero son los estados que más brutales ocupaciones militares han sufrido. Me correspondió sufrir en Oaxaca la invasión de la casa-hotel del maestro en la madrugada de junio de 2006, así como los gases lacrimógenos de la plaza principal invadida por el ejército; pero también cómo mis compañeros maestros aprendieron a dos policías federales que corrían con el fin de intercambiarlos con maestros apresados. Así que todas esas amenazas de brutalidad represiva gubernamental se las conocen de sobra los luchadores de Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Chiapas y otros estados. Desafortunadamente la conciencia de lucha no se ha desarrollado al mismo ritmo en todos los estados para lograr sacar a patadas a esos invasores gubernamentales.

Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com
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viernes, 20 de marzo de 2015

El joven Juárez 1954

Las dificultades de un joven indígena que llegó a convertirse en Presidente de México, con su proclamación de las Leyes de Reforma se creó los fundamentos de la libertad de Pensamiento y Credo. El Laicismo promueve la tolerancia entre los individuos de diferentes credos. Primer Estadista que hizo de México un Estado con fuerza jurídica para mantener la soberanía nacional contra los invasores extranjeros.


La Patria Grande

domingo, 8 de marzo de 2015

50 años de guerras imperiales: resultados y perspectivas


Traducido del inglés para Rebelión por Sara Plaza

IntroducciónEn los últimos 50 años Estados Unidos y las potencias europeas han desatado incontables guerras imperiales en todo el mundo. La ofensiva hacia la supremacía mundial ha estado envuelta en la retórica del "liderazgo mundial", y las consecuencias han sido devastadoras para los pueblos contra los que se han dirigido esas guerras. Las más grandes, largas y numerosas las ha llevado a cabo Estados Unidos. Presidentes de ambos partidos han estado al frente de esta cruzada por el poder mundial. La ideología que anima el imperialismo ha ido cambiando del "anticomunismo" del pasado al "antiterrorismo" actual.
Como parte de su proyecto de dominación mundial, Washington ha utilizado y combinado muchas formas de guerra, incluyendo invasiones militares y ocupaciones; ejércitos mercenarios y golpes militares; además de financiar partidos políticos, ONGs y multitudes en las calles para derrocar gobiernos debidamente constituidos. Los motores de esta cruzada por el poder mundial varían según la localización geográfica y la composición económica de los países destinatarios.
Lo que queda claro cuando se analiza la construcción del imperio estadounidense en el último medio siglo es el relativo declive de los intereses económicos y la aparición de consideraciones de tipo político y militar. Esto se debe en parte a la desaparición de los regímenes colectivistas (la URSS y Europa Oriental) y a la conversión al capitalismo de China y los regímenes de izquierdas en Asia, África y Latinoamérica. El declive de las fuerzas económicas como motor del imperialismo es el resultado de la llegada del neoliberalismo global. La mayoría de las multinacionales de Estados Unidos y la Unión Europea no están amenazadas por nacionalizaciones o expropiaciones que podrían desencadenar una intervención política imperial. De hecho, incluso los regímenes posneoliberales invitan a las multinacionales a invertir, comerciar y explotar recursos naturales. Los intereses económicos entran en juego en la formulación de políticas imperiales solo si (y cuando) surgen regímenes nacionalistas que desafían a las multinacionales estadounidenses, como en el caso de Venezuela bajo el presidente Chávez.
La clave de la construcción del imperio estadounidense en el último medio siglo se halla en las configuraciones del poder político, militar e ideológico que se han hecho con el control de las palancas del estado imperial. La historia reciente de las guerras imperiales estadounidenses ha demostrado que las prioridades militares estratégicas –bases militares, presupuestos y burocracia– han estado muy por encima de cualquier interés económico localizado de las multinacionales. Por otra parte, la mayoría de los gastos y las largas y costosas intervenciones militares del estado imperial estadounidense en Oriente Medio han sido a instancias de Israel. El acaparamiento de posiciones políticas estratégicas en el Ejecutivo y en el Congreso por parte de la configuración del poder sionista estadounidense ha reforzado la centralidad de los intereses militares en detrimento de los económicos.
La "privatización" de las guerras imperiales –el gran aumento y uso de mercenarios contratados por el Pentágono– ha supuesto el saqueo de decenas de miles de millones de dólares del Tesoro estadounidense. La industria militar privada, que provee de combatientes mercenarios, se ha convertido en una fuerza muy "influyente" que está moldeando la naturaleza y las consecuencias del proceso de construcción del imperio estadounidense.
Los estrategas militares, los defensores de los intereses coloniales israelíes en Oriente Medio y las corporaciones militares y de inteligencia son actores fundamentales del estado imperial, y es su influencia en la toma de decisiones la que explica porqué el resultado de las guerras imperiales estadounidenses no ha sido un imperio económico próspero y políticamente estable. En vez de eso, sus políticas han tenido como resultado economías devastadas e inestables que se rebelan continuamente.
Vamos a empezar identificando las cambiantes áreas y regiones implicadas en la construcción del imperio estadounidense desde mediados de los setenta hasta la actualidad. Luego examinaremos los métodos, las fuerzas impulsoras y los resultados de la expansión imperial. A continuación pasaremos a describir el actual mapa geopolítico de la construcción imperial y el carácter variado de la resistencia antiimperialista. Concluiremos examinando el porqué y el cómo de la construcción del imperio y, más concretamente, las consecuencias y los resultados de medio siglo de expansión imperial estadounidense.
Imperialismo en el periodo post Vietnam: guerras por poderes en América Central, Afganistán y el sur de África
La derrota del imperialismo estadounidense en Indochina marca el final de una fase de construcción del imperio y el comienzo de otra: el paso de invasiones territoriales a guerras por poderes. A partir de las presidencias de Gerald Ford y James Carter, el estado imperialista estadounidense empezó a recurrir cada vez más a apoderados. Reclutó, financió y armó ejércitos por poderes para destruir una gran variedad de regímenes y movimientos nacionalistas y social-revolucionarios en tres continentes. Con el apoyo logístico del ejército y las agencias de inteligencia paquistaníes, y con el respaldo económico de Arabia Saudita, Washington financió y armó fuerzas extremistas islámicas en todo el mundo para invadir y destrozar el régimen afgano, laico, progresista y apoyado por la Unión Soviética.
La segunda intervención por poderes tuvo lugar en el sur de África, donde el estado imperial estadounidense, aliado con Sudáfrica, financió y armó ejércitos por poderes contra los regímenes antiimperialistas de Angola y Mozambique.
La tercera ocurrió en América Central, donde Estados Unidos financió, armó y entrenó escuadrones de la muerte en Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras para acabar con los movimientos populares y las insurgencias armadas, causando más de 300.000 civiles muertos.
La "estrategia de guerra por poderes" del estado imperial de Estados Unidos se extendió a América del Sur: la CIA y el Pentágono apoyaron golpes de Estado en Uruguay (general Álvarez), Chile (general Pinochet), Argentina (general Videla), Bolivia (general Banzer) y Perú (general Morales). La construcción del imperio por poderes se hizo en gran medida a instancias de las multinacionales estadounidenses, que durante ese periodo tuvieron un papel destacado a la hora de establecer las prioridades del estado imperial.
Las guerras por poderes estuvieron acompañadas por invasiones militares directas: la diminuta isla de Granada (1983) y Panamá (1989) bajo los presidentes Reagan y Bush padre. Blancos fáciles, con pocas víctimas y pocos gastos militares: ensayos generales para relanzar importantes operaciones militares en un futuro cercano.
Lo que sorprende de las "guerras por poderes" son sus resultados contrapuestos. En América Central, Afganistán y África esas guerras no desembocaron en prósperas neo-colonias ni resultaron lucrativas para las corporaciones estadounidenses. En cambio, los golpes de Estado por poderes en América del Sur se tradujeron en extensas privatizaciones y abultados beneficios para las multinacionales estadounidenses.
La guerra por poderes en Afganistán trajo consigo el ascenso y la consolidación del "régimen islámico" talibán, que se oponía tanto a la influencia soviética como a la expansión imperial estadounidense. Con el tiempo el ascenso y la consolidación del nacionalismo islámico desafiaría a los aliados de Estados Unidos en el sur de Asia y en la región del Golfo, y conduciría a la invasión militar estadounidense de 2001 y a una larga guerra (15 años) que aún no ha terminado, y que probablemente supondrá la derrota y retirada militar de Estados Unidos. Los principales beneficiarios desde el punto de vista económico fueron los clientes políticos afganos de Washington, los "contratistas" mercenarios estadounidenses, los funcionarios militares responsables de adquisiciones y los administradores coloniales que saquearon cientos de miles de millones de dólares del Tesoro estadounidense a través de transacciones ilegales o fraudulentas.
Las multinacionales no-militares no se beneficiaron en absoluto del saqueo del Tesoro de Estados Unidos. De hecho, la guerra y el movimiento de resistencia dificultaron la entrada de capital privado estadounidense a largo plazo en Afganistán y las regiones fronterizas limítrofes de Pakistán.
La guerra por poderes en el sur de África arrasó las economías locales, especialmente las economías agrícolas nacionales, desarraigó a millones de trabajadores y campesinos e impidió la entrada de las empresas petrolíferas estadounidenses durante más de dos décadas. El resultado "positivo" fue la des-radicalización de la elite nacionalista revolucionaria. Sin embargo, la conversión política de los "revolucionarios" del sur de África al neoliberalismo no benefició demasiado a las multinacionales estadounidenses, pues los nuevos gobernantes se volvieron oligarcas cleptócratas y pusieron en marcha regímenes patrimoniales asociándose con diversas multinacionales, sobre todo asiáticas y europeas.
Las guerras por poderes en América Central también tuvieron resultados contrapuestos. En Nicaragua la revolución sandinista derrotó al régimen de Somoza apoyado conjuntamente por Estados Unidos e Israel, pero inmediatamente después tuvo que enfrentarse a un ejército mercenario contrarrevolucionario financiado, armado y entrenado por Estados Unidos ("la contra") con base en Honduras. La guerra estadounidense destrozó muchos proyectos económicos progresistas, socavó la economía y eventualmente derivó en la victoria electoral de Violeta Chamorro, que contó con el patrocinio y el respaldo de Estados Unidos. Dos décadas más tarde los apoderados de Estados Unidos fueron derrotados por una coalición política liderada por sandinistas des-radicalizados.
En El Salvador, Guatemala y Honduras, las guerras por poderes estadounidenses terminaron consolidando regímenes clientelistas que se encargaron de destruir la economía productiva y provocaron la huida de millones de refugiados de guerra hacia Estados Unidos. El dominio imperial estadounidense erosionó las bases del mercado laboral productivo y engendró bandas asesinas de narcotraficantes.
En resumen, en la mayoría de los casos las guerras por poderes de Estados Unidos lograron evitar el ascenso de regímenes nacionalistas de izquierdas, pero también condujeron a la destrucción de las bases económicas y políticas de un imperio neocolonial próspero y estable.
El imperialismo estadounidense en América Latina: estructura variable, contingencias internas y externas, prioridades cambiantes y restricciones globales
Para entender las operaciones, la estructura y la actuación del imperialismo estadounidense en América Latina es necesario reconocer la constelación de fuerzas rivales que ha moldeado las políticas del estado imperial. A diferencia de lo que ha ocurrido en Oriente Medio, donde la facción militarista-sionista ha establecido su hegemonía, en América Latina las multinacionales han jugado un papel fundamental dirigiendo la política del estado imperial. En América Latina, los militaristas desempeñaron un papel mucho menos destacado, limitado por (1) el poder de las multinacionales, (2) el giro del poder político de la derecha a la centro-izquierda, y (3) el impacto de la crisis económica y el auge de las materias primas.
Al contrario que en Oriente Medio, la configuración del poder sionista ha tenido poca influencia en la política del estado imperial en esta región, ya que los intereses israelíes se concentran en Oriente Medio y, con la posible excepción de Argentina, América Latina no es una prioridad.
Durante más de un siglo y medio, las multinacionales y los bancos estadounidenses dominaron y dictaron la política imperial de Estados Unidos hacia América Latina. Las fuerzas armadas estadounidenses y la CIA fueron instrumentos del imperialismo económico mediante la intervención directa (invasiones), "golpes militares" por poderes, o la combinación de ambos.
El poder económico imperial estadounidense en América Latina alcanzó su punto más alto entre 1975 y 1999. Por medio de golpes militares por poderes, invasiones militares directas (República Dominicana, Panamá, Granada) y elecciones controladas civil y militarmente se crearon estados vasallos y se impusieron nuevos gobernantes clientelistas.
Los resultados fueron el desmantelamiento del estado de bienestar y la imposición de políticas neoliberales. El estado imperial dirigido por las multinacionales, y sus apéndices financieros internacionales (FMI, BM, BID) se encargaron de privatizar sectores económicos estratégicos muy lucrativos, se hicieron con el control del comercio y proyectaron un plan de integración regional que afianzó el dominio imperial de Estados Unidos.
La expansión económica imperial en América Latina no fue simplemente el resultado de las estructuras y las dinámicas internas de las multinacionales, sino que dependió de (1) la receptividad del país "anfitrión" o, más exactamente, de la correlación interna de las fuerzas de clase en América Latina, las cuales a su vez giraban en torno al (2) desempeño de la economía: su crecimiento o su susceptibilidad a las crisis.
América Latina demuestra que contingencias como la desaparición de los regímenes clientelistas y de las clases colaboradoras pueden tener un impacto negativo enorme en las dinámicas del imperialismo, socavando el poder del estado imperial y revirtiendo el avance económico de las multinacionales.
El avance del imperialismo económico de Estados Unidos durante el periodo que va desde 1975 hasta el año 2000 quedó patente en la adopción de políticas neoliberales, el saqueo de los recursos nacionales, el incremento de deudas ilícitas y la transferencia de miles de millones de dólares al exterior. Sin embargo, la concentración de riqueza y propiedad desencadenó una profunda crisis socioeconómica en toda la región, la cual eventualmente condujo al derrocamiento o destitución de los colaboradores imperiales en Ecuador, Bolivia, Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Nicaragua. En Brasil y en los países andinos surgieron poderosos movimientos sociales antiimperialistas, sobre todo en el campo. En las ciudades, los movimientos de trabajadores desempleados y los sindicatos de empleados públicos de Argentina y Uruguay encabezaron cambios electorales, instalando en el poder gobiernos de centro-izquierda que "re-negociaron" las relaciones con el estado imperial estadounidense.
La influencia de las multinacionales estadounidenses en América Latina se fue debilitando. Ya no podían contar con la batería completa de recursos militares del estado imperial para intervenir e imponer de nuevo presidentes clientelistas neoliberales, pues sus prioridades militares estaban en otra parte: Oriente Medio, el sur de Asia y el norte de África.
A diferencia del pasado, las multinacionales estadounidenses en América Latina no contaron con dos puntales esenciales del poder: el pleno respaldo de las fuerzas armadas estadounidenses y los poderosos regímenes cívico-militares clientelistas de Estados Unidos en América Latina.
El plan de las multinacionales estadounidenses de una integración en torno a Estados Unidos fue rechazado por los gobiernos de centro-izquierda. El estado imperial recurrió entonces a los acuerdos de libre comercio con México, Chile, Colombia, Panamá y Perú. Como resultado de la crisis económica y del colapso de la mayoría de las economías latinoamericanas, el "neoliberalismo", la ideología de la penetración económica imperial, quedó desacreditado y sus partidarios fueron marginados.
Los cambios en la economía mundial tuvieron un impacto profundo en las relaciones comerciales y de inversión entre Estados Unidos y América Latina. El crecimiento dinámico de China, el subsiguiente auge de la demanda y el aumento de los precios de las materias primas condujo a un considerable debilitamiento del dominio estadounidense en los mercados latinoamericanos.
Los países latinoamericanos diversificaron el comercio, buscaron y encontraron nuevos mercados exteriores, especialmente China. El incremento de los ingresos de las exportaciones se tradujo en una mayor capacidad de autofinanciación. Y tanto el FMI, como el BM y el BID, los instrumentos económicos que sirvieron para impulsar las imposiciones económicas de Estados Unidos ("condicionalidad"), fueron orillados.
El estado imperial estadounidense se enfrentó a regímenes latinoamericanos que adoptaron opciones económicas, mercados y medidas de financiamiento muy diversas. Con considerable apoyo popular en sus países y los mandos civil y militar unificados, América Latina fue saliendo tímidamente de la esfera estadounidense de dominación imperialista.
El estado imperial y sus multinacionales, enormemente inspirados por los "éxitos" cosechados en los noventa, respondieron al debilitamiento de su influencia utilizando el método de "ensayo y error" para enfrentar los nuevos obstáculos del siglo XXI. Los responsables de la política estadounidense, con el respaldo de las multinacionales, continuaron apoyando a los fracasados regímenes neoliberales, perdiendo toda credibilidad en América Latina. El estado imperial no supo adaptarse a los cambios, lo que hizo que aumentara la oposición popular y de los gobiernos de centro-izquierda a los "mercados libres" y la desregulación bancaria. A diferencia de las reformas sociales promovidas por el presidente Kennedy vía la "Alianza para el Progreso" para contrarrestar el impacto generado por la revolución cubana, esta vez no se diseñaron programas de ayuda económica a gran escala para imponerse a la centro-izquierda, quizás debido a las restricciones presupuestarias derivadas de las costosas guerras en otros lugares.
La desaparición de los regímenes neoliberales, el pegamento que mantuvo unidas a las diferentes facciones del estado imperial, dio lugar a propuestas rivales de cómo recuperar el dominio. La "facción militarista" recurrió a (y revivió) la fórmula del golpe militar para llevar a cabo la restauración: se organizaron golpes de Estado en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Honduras y Paraguay; salvo los dos últimos, todos fracasaron. La derrota de los representantes de Estados Unidos consolidó los regímenes independientes y antiimperialistas de centro-izquierda. Incluso el "éxito" del golpe estadounidense en Honduras tuvo como consecuencia una importante derrota diplomática: los gobiernos latinoamericanos condenaron el golpe de Estado y el papel de Estados Unidos, lo que terminó aislando a Washington todavía más.
La derrota de la estrategia militarista reforzó la facción político-diplomática del estado imperial. Con propuestas positivas hacia los en apariencia "regímenes de centro-izquierda", esta facción ganó influencia diplomática, mantuvo los vínculos militares y contribuyó a la expansión de las multinacionales en Uruguay, Brasil, Chile y Perú. Con los dos últimos países la facción económica del estado imperial consolidó acuerdos bilaterales de libre comercio.
Una tercera facción corporativo-militar, que se solapa con las otras dos, combinó cambios diplomático-políticos hacia Cuba con una estrategia muy agresiva de desestabilización política dirigida al "cambio de régimen" (golpe de Estado) en Venezuela.
La heterogeneidad de las facciones del estado imperial y sus orientaciones enfrentadas refleja la complejidad de los intereses implicados en la construcción del imperio en América Latina y tiene como consecuencia políticas aparentemente contradictorias, un fenómeno que resulta menos evidente en Oriente Medio, donde la configuración del poder militarista-sionista domina la formulación de políticas imperiales.
Por ejemplo, el aumento de las bases militares y las operaciones contrainsurgentes en Colombia (una prioridad de la facción militarista) se acompaña de acuerdos bilaterales de libre comercio y negociaciones de paz entre el gobierno de Santos y la insurgencia armada de las FARC (una prioridad de la facción de las multinacionales).
Recuperar el dominio imperial en Argentina supone (1) maximizar las posibilidades electorales del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el neoliberal Mauricio Macri; (2) apoyar al conglomerado mediático imperial, Clarín, enfrentando la legislación que desconcentra el monopolio mediático; (3) explotar la muerte del fiscal Alberto Nisman, colaborador de la CIA y el Mossad, para desacreditar al gobierno de Kirchner-Fernández; y (4) respaldar a los fondos de inversión especuladores (buitres) en Nueva York para exigir el pago de intereses desorbitados y, con la ayuda de resoluciones judiciales cuestionables, bloquear el acceso de Argentina a los mercados internacionales.
Tanto la facción militarista como la de las multinacionales del estado imperial coinciden en apoyar una estrategia electoral y golpista con múltiples flancos, la cual busca restaurar el poder de un régimen neoliberal controlado por Estados Unidos.
 Las contingencias que evitaron la recuperación del poder imperial durante la pasada década actúan ahora a la inversa. La caída del precio de las materias primas ha debilitado a los gobiernos posneoliberales en Venezuela, Argentina y Ecuador. La decadencia de los movimientos antiimperialistas a consecuencia de las tácticas de cooptación de centro-izquierda ha reforzado las protestas y a los movimientos de derechas apoyados por el estado imperial. El menor crecimiento de China ha afectado a las estrategias de diversificación del mercado latinoamericano. El equilibrio interno de las fuerzas de clase se ha desplazado hacia la derecha, hacia los clientes políticos de Estados Unidos en Brasil, Argentina, Perú y Paraguay. 
Reflexiones teóricas sobre la construcción del imperio en América Latina
La construcción del imperio estadounidense en América Latina es un proceso cíclico que refleja los cambios estructurales registrados en el poder político y la reestructuración de la economía mundial: fuerzas y factores que "ignoran" el estado imperial y la tendencia del capital a acumularse. La acumulación y expansión del capital no dependen simplemente de las fuerzas impersonales "del mercado", pues las relaciones sociales bajo las cuales funciona el "mercado" operan dentro de los límites de la lucha de clase.
La pieza central de las acciones del estado imperial, a saber, las largas guerras territoriales en Oriente Medio, están ausentes en América Latina. Lo que mueve la política del estado imperial estadounidense es la búsqueda de recursos (agro-mineros), fuerza de trabajo (empleados por cuenta propia con bajos ingresos) y mercados (tamaño y poder adquisitivo de 600 millones de consumidores). Detrás de la expansión imperial se hallan los intereses económicos de las multinacionales.
Aun cuando en este caso se hubiera podido sacar partido de una posición geoestratégica ventajosa –el Caribe, América Central y América del Sur están situados más cerca de Estados Unidos– predominan los objetivos económicos, no los militares.
Sin embargo, la facción militarista-sionista del estado imperial ignora estos motivos económicos tradicionales y deliberadamente opta por actuar teniendo en cuenta otras prioridades: el control de las zonas productoras de petróleo, la destrucción de las naciones o los movimientos islámicos, o simplemente acabar con los adversarios antiimperialistas. La facción militarista-sionista consideró que los "beneficios" para Israel, su supremacía militar en Oriente Medio, eran más importantes que asegurar la supremacía económica de Estados Unidos en América Latina. Este hecho se observa claramente si analizamos las prioridades imperiales en función de los recursos estatales utilizados para fines políticos.
Incluso si tenemos en cuenta el objetivo de la "seguridad nacional" y lo interpretamos en su sentido más amplio de garantizar la seguridad de los territorios nacionales del imperio, el ataque militar estadounidense a países islámicos impulsado por la ideología islamofóbica concomitante, los asesinatos masivos y el desarraigo de millones de musulmanes resultantes han producido el efecto contrario: terrorismo recíproco. Las "guerras totales" de Estados Unidos contra civiles han provocado ataques islamistas contra ciudadanos occidentales.
Los países latinoamericanos a los que apunta el imperialismo económico son menos beligerantes que los países de Oriente Medio que están en la mira de los militaristas estadounidenses. Un análisis coste/beneficio demostraría el carácter absolutamente "irracional" de la estrategia militarista. Sin embargo, si tenemos en cuenta la composición y los intereses concretos que mueven individualmente a los responsables de las políticas del estado imperial, vemos que existe algo así como una perversa "racionalidad". Los militaristas defienden la "racionalidad" de costosas e interminables guerras esgrimiendo las ventajas de adueñarse de "las puertas al petróleo" mientras que los sionistas esgrimen el mayor poder regional alcanzado por Israel.
Si bien durante más de un siglo América Latina fue un objetivo prioritario de la conquista económica imperial, en el siglo XXI ha perdido su primacía a favor de Oriente Medio.
La desaparición de la URSS y la conversión de China al capitalismo
El mayor impulso hacia la exitosa expansión imperial de Estados Unidos no se lo dieron las guerras por poderes ni las invasiones militares. Más bien, el imperio estadounidense logró su mayor crecimiento y conquista con la ayuda de líderes políticos clientelistas, organizaciones y estados vasallos en la URSS, Europa del Este, los estados bálticos, los Balcanes y el Cáucaso. La estrategia de penetración política y financiación a gran escala y a largo plazo que llevaron a cabo Estados Unidos y la Unión Europea contribuyó de manera exitosa al derrumbe de los regímenes colectivistas de Rusia y la URSS y a la aparición de estados vasallos. Estos pronto estarían a disposición de la OTAN y serían incorporados a la Unión Europea. Bonn se anexionó Alemania Oriental y dominó los mercados de Polonia, la República Checa y otros estados de Europa Central. Los banqueros de Estados Unidos y Londres colaboraron con los mafiosos oligarcas ruso-israelíes en actividades conjuntas para llevar a cabo el expolio de recursos, industrias, bienes inmuebles y fondos de pensiones. La Unión Europea explotó a decenas de millones de científicos, ingenieros y trabajadores altamente cualificados importándolos, o bien despojándolos de los derechos laborales y las prestaciones del estado de bienestar y sirviéndose de ellos como mano de obra barata en sus propios países.
El "imperialismo por invitación" avalado por el régimen vasallo de Yeltsin se apropió muy fácilmente de la riqueza rusa. Las fuerzas militares del Pacto de Varsovia entraron a formar parte de una legión extranjera en las guerras imperiales de Estados Unidos en Afganistán, Iraq y Siria. Sus instalaciones militares fueron convertidas en bases militares y emplazamientos de misiles para cercar a Rusia.
La conquista imperial estadounidense del Este creó un "mundo unipolar", en el cual los responsables de la toma de decisiones y estrategas de Washington creyeron que, como potencia mundial suprema, podrían intervenir impunemente.
El alcance y la profundidad del imperio mundial estadounidense se ampliaron con la incorporación de China al capitalismo y la invitación de su gobierno a las multinacionales de Estados Unidos y la Unión Europea a entrar y explotar la mano de obra barata del país. La expansión global del imperio estadounidense reforzó la sensación de poder ilimitado, alentando a sus gobernantes a ejercer dicho poder contra cualquier adversario o competidor.
Entre 1990 y 2000, Estados Unidos llevó sus bases militares hasta la frontera de Rusia. Las multinacionales estadounidenses fortalecieron su posición en China e Indochina. Los regímenes clientelistas de Estados Unidos en América Latina desmantelaron sus economías nacionales, privatizando y desnacionalizando más de cinco mil empresas públicas de sectores estratégicos lucrativas. Todos los sectores se vieron afectados: recursos naturales, transportes, telecomunicaciones y finanzas.
A lo largo de los años noventa, Estados Unidos siguió expandiéndose mediante la estrategia de la penetración política y la fuerza militar. El presidente George H. W. Bush emprendió una guerra contra Iraq. Clinton bombardeó Yugoslavia, y Alemania y la Unión Europea se unieron a Estados Unidos para dividir Yugoslavia en "mini-estados".
El crucial año 2000: la cima y el declive del imperio
El rápido y amplio proceso de expansión imperial, entre 1989 y 1999, las conquistas fáciles y el expolio concomitante crearon las condiciones para el declive del imperio de Estados Unidos.
El saqueo y empobrecimiento de Rusia condujo a la aparición de un nuevo liderazgo bajo el presidente Putin, que estaba decidido a reconstruir el estado y la economía y poner fin al vasallaje.
El liderazgo chino aprovechó su dependencia del capital y la tecnología de Occidente para crear una poderosa economía exportadora e impulsar el crecimiento de un dinámico complejo industrial nacional público-privado. Los centros financieros imperiales que habían florecido al calor de una regulación excesivamente laxa quebraron. Los cimientos domésticos del imperio se estremecieron. La máquina de guerra imperial tuvo que competir con el sector financiero por las partidas presupuestarias y los subsidios federales.
El crecimiento fácil condujo a la expansión excesiva del imperio. Las zonas de conflicto se multiplicaron en todo el mundo, reflejo del resentimiento y la hostilidad ante la destrucción provocada por los bombardeos y las invasiones. Los gobernantes clientelistas, estrechos colaboradores del imperio, vieron debilitado su poder. El imperio mundial superó la capacidad de Estados Unidos para controlar satisfactoriamente a sus nuevos estados vasallos. Los puestos avanzados coloniales reclamaron nuevos envíos de tropas y armas y nuevas inyecciones de dinero, en un momento en el que contrarrestar las tensiones internas exigía el recorte y el repliegue.
Todas las conquistas recientes –fuera de Europa– fueron muy costosas. La sensación de invencibilidad e impunidad llevó a los diseñadores del imperio a sobrestimar su capacidad de expandirse, de mantener el control y de contener la inevitable resistencia antiimperialista.
Las crisis y el colapso de los estados vasallos neoliberales en América Latina se aceleraron. Las revueltas antiimperialistas se extendieron desde Venezuela (1999) hasta Argentina (2001), Ecuador (2000-2005) y Bolivia (2003-2005). Surgieron regímenes de centro-izquierda en Brasil, Uruguay y Honduras. Los movimientos de masas conformados por comunidades indígenas y mineras tomaron un nuevo impulso en las zonas rurales. Los planes imperiales que se habían elaborado para garantizar la integración centrada en Estados Unidos fueron rechazados. En su lugar proliferaron múltiples acuerdos regionales que excluían a Estados Unidos: ALBA, UNASUR, CELAC. La rebelión interna de América Latina coincidió con el ascenso económico de China. Un prolongado auge de las materias primas debilitó seriamente la supremacía imperial estadounidense. Estados Unidos tenía pocos aliados locales en América Latina y compromisos excesivamente ambiciosos para controlar Oriente Medio, el sur de Asia y el norte de África.
Washington perdió su mayoría automática en América Latina: su apoyo a los golpes de Estado en Honduras y Paraguay, su intervención en Venezuela (2001) y el embargo en contra de Cuba fueron repudiados por todos los gobiernos, incluso por los aliados conservadores.
Washington se dio cuenta de que resultaba mucho menos sencillo defender un imperio global que establecerlo. Los estrategas imperiales en Washington vieron las guerras de Oriente Medio a través del prisma de las prioridades militares israelíes, ignorando los intereses económicos globales de las multinacionales.
Los estrategas militares imperiales sobrestimaron la capacidad militar de vasallos y clientes, a los que Estados Unidos preparó muy mal para gobernar en países con movimientos armados de resistencia nacional. Aumentaron las guerras, las invasiones y las ocupaciones militares. A Iraq y Afganistán se sumaron Yemen, Somalia, Libia, Siria y Paquistán. Los gastos del estado imperial estadounidense excedieron con mucho cualquier transferencia de riqueza desde los países ocupados.
Cientos de miles de millones de dólares del Tesoro estadounidense fueron saqueados por una enorme burocracia mercenaria civil y militar.
El papel central de las guerras de conquista destrozó la infraestructura institucional y las bases económicas necesarias para que las multinacionales pudieran instalarse y ganar dinero.
Aferrado a las ideas estratégicas militares de imperio, el liderazgo militar-político del estado imperial diseñó una ideología global para justificar y fundamentar una política de guerra permanente y múltiple. La doctrina de la "guerra al terror" justificó la guerra en todas partes y en ninguna. La doctrina era "elástica", se podía adaptar a cada zona de conflicto e invitaba a nuevos compromisos militares: Afganistán, Libia, Irán y el Líbano fueron designados como zonas de guerra. La "doctrina del terror", de alcance global, ofreció una justificación para múltiples guerras y para la destrucción (no explotación) masiva de sociedades y recursos económicos. Sobre todo, la "guerra contra el terrorismo" justificó la tortura (Abu Ghraib), los campos de concentración (Guantánamo) y los objetivos civiles (vía drones) en cualquier parte. Las tropas fueron retiradas y enviadas de nuevo a Afganistán e Iraq a medida que aumentaba la resistencia. Miles de efectivos de las fuerzas especiales estuvieron en activo en montones de países, sembrando el caos y la muerte.
Además, el violento desarraigo, la degradación y la estigmatización de pueblos islámicos enteros propagó la violencia en los centros imperiales de París, Nueva York, Londres, Madrid y Copenhague. La globalización del terror del estado imperial se tradujo en terror individual.
 El terror imperial dio lugar al terror al interior de los estados: el primero de forma sostenida, abarcando civilizaciones enteras, conducido y justificado por representantes políticos electos y autoridades militares. El segundo mediante un grupo transversal de "internacionalistas" que inmediatamente se identificaron con las víctimas del terror del estado imperial.
El imperialismo contemporáneo: perspectivas presentes y futuras
Para entender el futuro del imperialismo estadounidense es importante resumir y evaluar la experiencia y las políticas del último cuarto de siglo.
Entre 1990 y 2015 observamos un declive económico, político e incluso militar en la construcción del imperio estadounidense en la mayoría de regiones del mundo, aunque el proceso no es lineal y probablemente tampoco irreversible.
A pesar de que en Washington se ha hablado mucho de la necesidad de reconfigurar las prioridades imperiales para tener en cuenta los intereses económicos de las multinacionales, se ha conseguido muy poco... La estrategia de Obama de "bascular hacia Asia" se ha concretado en nuevos acuerdos militares con Japón, Australia y Filipinas alrededor de China, y refleja la incapacidad de diseñar acuerdos de libre comercio que excluyan a este país. Entre tanto, Estados Unidos ha reanudado la guerra y ha vuelto a entrar en Iraq y Afganistán, además de haber iniciado nuevas guerras en Siria y Ucrania. Está claro que la primacía de la facción militarista sigue siendo el factor determinante en el diseño de las políticas del estado imperial.
El motor militar imperial es aún más evidente en la intervención estadounidense en apoyo del golpe de Estado en Ucrania y la decisión subsiguiente de financiar y armar a la junta de Kiev. La ofensiva imperial en Ucrania y los planes para incorporarla a la Unión Europea y la OTAN constituyen una flagrante agresión militar: la extensión de las bases, las instalaciones y las maniobras militares estadounidenses hasta la frontera de Rusia, junto con la imposición de sanciones económicas, han perjudicado duramente el comercio y las inversiones estadounidenses en Rusia. La construcción del imperio estadounidense sigue dando prioridad a la expansión militar incluso a costa de los intereses económicos imperiales occidentales en Europa.
El bombardeo de Libia por parte de Estados Unidos y la Unión Europea arruinó el floreciente comercio y los acuerdos de inversión entre las multinacionales imperiales del petróleo y el gas y el gobierno de Gadafi... Los ataques aéreos de la OTAN destrozaron la economía, la sociedad y el orden político, convirtiendo Libia en un territorio invadido por clanes enfrentados, bandas, terroristas y la violencia armada.
Durante el último medio siglo, el liderazgo político y las estrategias del estado imperial han cambiado drásticamente. En el periodo que va de 1975 hasta 1990 las multinacionales tuvieron un papel central marcando la dirección de la política del estado imperial: aprovechando los mercados asiáticos, negociando la apertura del mercado con China, promoviendo y apoyando gobiernos neoliberales militares y civiles en América Latina, e instalando y financiando gobiernos pro-capitalistas en Rusia, Europa del Este, los Balcanes y los estados bálticos. Incluso en los casos donde el estado imperial recurrió a la intervención militar, Yugoslavia e Iraq, los bombardeos crearon oportunidades económicas favorables para las multinacionales estadounidenses. El gobierno de Bush padre favoreció los intereses petroleros de Estados Unidos mediante el programa "petróleo por comida" acordado con Sadam Husein en Iraq.
Por su parte, Clinton promovió gobiernos de libre comercio en los mini-estados resultantes de la división de la Yugoslavia socialista.
No obstante, el liderazgo y las políticas del estado imperial cambiaron radicalmente desde finales de los noventa en adelante. El estado imperial del presidente Clinton estaba formado por antiguos representantes de las multinacionales, banqueros de Wall Street y conocidos militaristas y sionistas recién ascendidos.
El resultado fue una política híbrida con la que el estado imperial promovió de manera activa las oportunidades de las multinacionales bajo los regímenes neoliberales de los países ex comunistas de Europa y de América Latina, y amplió los lazos de éstas con China y Vietnam, mientras llevaba a cabo devastadoras intervenciones militares en Somalia, Yugoslavia e Iraq.
El "equilibrio de fuerzas" dentro del estado imperialista cambió drásticamente, inclinándose a favor de la facción militarista-sionista, a partir del 11 de septiembre de 2001: el ataque terrorista de origen dudoso y las demoliciones de bandera falsa en Nueva York y Washington sirvieron para afianzar a los militaristas que estaban al mando del enorme aparato del estado imperial. Como consecuencia del 11 de septiembre la facción militarista-sionista del estado imperial subordinó los intereses de las multinacionales a su estrategia de guerras totales. Esto, a su vez, llevó a la invasión, ocupación y destrucción de la infraestructura civil de Iraq y Afganistán (en lugar de aprovecharla para la expansión de las multinacionales). El régimen colonial de Estados Unidos desmanteló el estado iraquí (en lugar de reorganizarlo en función de las necesidades de las multinacionales). El asesinato y la migración forzosa de millones de profesionales cualificados, administradores y miembros del ejército y de la policía paralizaron cualquier recuperación económica (en lugar de emplearlos al servicio del estado colonial y las multinacionales)
La enorme influencia militarista-sionista en el estado imperial introdujo importantes cambios en la política, la orientación, las prioridades y el modus operandi del imperialismo estadounidense. La ideología de la "guerra global al terror" sustituyó a la doctrina de las multinacionales a favor de la "globalización económica".
Las guerras perpetuas (los "terroristas" no estaban circunscritos a determinados lugares ni momentos) reemplazaron a las guerras limitadas y a las intervenciones para abrir mercados o instalar regímenes favorables a las políticas neoliberales que beneficiaran a las multinacionales estadounidenses.
Las guerras en Oriente Medio, el sur de Asia y el norte de África –contra países islámicos que se oponían a la expansión colonial de Israel en Palestina, Siria, el Líbano y el resto– pasaron a ocupar el centro de la actividad del estado imperial, desplazando a la estrategia para explotar las oportunidades económicas en Asia, América Latina y los países ex comunistas de Europa del Este.
La nueva concepción militarista de la construcción del imperio supuso gastos billonarios y no tuvo en cuenta ni se preocupó por las ganancias del capital privado. En cambio, bajo la hegemonía de las multinacionales, el estado imperial intervino para garantizar concesiones de petróleo, gas y minerales en América Latina y Oriente Medio, y las ganancias de las multinacionales compensaron de sobra los gastos de la conquista militar. La configuración militarista del estado imperial permitió el saqueo del Tesoro estadounidense para financiar sus ocupaciones, gastando enormes sumas en un ejército de colaboradores coloniales corruptos, en los "contratistas militares" privados, y en funcionarios militares estadounidenses responsables de adquisiciones (sic).
Anteriormente la expansión de las multinacionales en el exterior había generado beneficios para el Tesoro de Estados Unidos por el pago de impuestos directos y mediante los ingresos procedentes del comercio y la transformación de materias primas.
En la última década y media los mayores y más estables beneficios de las multinacionales se han producido en zonas y países donde la participación del estado imperial militarizado ha sido mínima: China, América Latina y Europa. Donde menos beneficios han obtenido y más han perdido las multinacionales ha sido en las regiones donde la implicación del estado imperial ha sido mayor.
Las "zonas de guerra" que se extienden desde Libia hasta Somalia, el Líbano, Siria, Iraq, Ucrania, Irán, Afganistán y Paquistán son las regiones donde las multinacionales imperiales han sufrido un mayor deterioro y abandono.
Los principales "beneficiarios" de las actuales políticas del estado imperial son los contratistas militares privados y el complejo militar-industrial-securitario estadounidense. En el exterior, los beneficiarios del estado incluyen a Israel y Arabia Saudita. Por otro lado, los gobernantes clientelistas jordanos, egipcios, iraquíes, afganos y paquistaníes han guardado decenas de miles de millones en cuentas off-shore.
Entre los beneficiarios "no estatales" se encuentran los ejércitos mercenarios por poderes. En Siria, Iraq, Libia, Somalia y Ucrania también se han visto favorecidos decenas de miles de colaboradores en las autodenominadas organizaciones "no gubernamentales".
El análisis coste-beneficio o la construcción del imperio bajo la protección del estado imperial militarista-sionista
Una década y media es tiempo suficiente para evaluar los resultados del dominio militarista-sionista en el estado imperial.
Estados Unidos y sus aliados de Europa Occidental, sobre todo Alemania, lograron expandir su imperio en Europa Oriental, los Balcanes y las regiones del Báltico sin disparar un solo tiro. Estos países fueron convertidos en estados vasallos de la Unión Europea, sus mercados conquistados y sus industrias desnacionalizadas. Sus fuerzas armadas fueron contratadas como mercenarios de la OTAN. Alemania Occidental se anexó Alemania Oriental. La mano de obra cualificada barata, los inmigrantes y desempleados, aumentaron los beneficios de las multinacionales de la Unión Europea y Estados Unidos. Rusia fue temporalmente reducida a estado vasallo entre 1991 y 2001. El nivel de vida descendió vertiginosamente y se redujeron los programas del estado de bienestar. Aumentó la tasa de mortalidad. Las desigualdades de clase se ampliaron. Los millonarios y los mil millonarios se apropiaron de los recursos públicos y participaron con las multinacionales imperiales en el saqueo de la economía. Los líderes y partidos socialistas y comunistas fueron reprimidos o cooptados. En cambio, la expansión militar imperial en lo que va del siglo XXI está siendo un fracaso muy costoso. La "guerra en Afganistán" resultó una sangría de vidas y de dinero y provocó una ignominiosa retirada. Lo que quedó fue un débil gobierno títere y un ejército mercenario poco fiable. Ha sido la guerra más larga de la historia de Estados Unidos y uno de sus mayores fracasos. Al final, los movimientos de resistencia nacionalistas-islamistas –los llamados "talibanes" y los grupos de resistencia antiimperialistas etno-religiosos y nacionalistas aliados– dominan las zonas rurales, atacan continuamente las ciudades y se preparan para tomar el poder.
La guerra de Iraq, la invasión y los diez años de ocupación por parte del estado imperial diezmaron la economía del país. La ocupación fomentó la guerra etno-religiosa. Oficiales baazistas y militares profesionales se unieron a los islamistas-nacionalistas y formaron un poderoso movimiento de resistencia (EIIL) que derrotó al ejército mercenario chiita apoyado por el imperio durante la segunda década de la guerra. El estado imperial se vio forzado a volver a entrar y participar directamente en una larga guerra. El coste de la guerra se disparó hasta más de un billón de dólares. Se obstaculizó la explotación del petróleo y el Tesoro de Estados Unidos vertió decenas de miles de millones de dólares para sostener una "guerra sin fin".
El estado imperial estadounidense y la Unión Europea, junto con Arabia Saudita y Turquía, financiaron milicias mercenarias islámicas para invadir Siria y derrocar al régimen secular, nacionalista y anti-sionista de Bachar al Assad. La guerra imperial abrió la puerta para que las fuerzas islámicas-baazistas –EIIL– se extendieran hasta Siria. Los kurdos y otros grupos armados les arrebataron territorio y fragmentaron el país. Después de casi cinco años de guerra y crecientes costes militares, las multinacionales de Estados Unidos y la Unión Europea se han quedado fuera del mercado sirio.
El apoyo estadounidense a la agresión israelí contra el Líbano ha hecho que aumente el poder de la resistencia armada antiimperialista de Hezbolá. El Líbano, Siria e Irán constituyen en este momento una alternativa seria al eje de Estados Unidos, la Unión Europea, Arabia Saudita e Israel.
La política estadounidense de sanciones a Irán no ha logrado debilitar el régimen nacionalista y, en cambio, ha cercenado las oportunidades económicas de todas las grandes multinacionales del petróleo y el gas de Estados Unidos y la Unión Europea, así como las de los exportadores de artículos de fabricación estadounidense. China ha ocupado su lugar.
La invasión de Libia por parte de Estados Unidos y la Unión Europea destruyó la economía y supuso la pérdida de miles de millones de dólares en inversiones de las multinacionales y la interrupción de las exportaciones.
La toma del poder por el estado imperial estadounidense mediante un golpe de Estado por poderes en Kiev, provocó una poderosa rebelión antiimperialista dirigida por milicias armadas en el Este (Donetsk y Lugansk) y la aniquilación de la economía ucraniana.
En resumen, el control militar-sionista del estado imperial ha conducido a largas y costosas guerras imposibles de ganar que han debilitado los mercados y los proyectos de inversión de las multinacionales estadounidenses. El militarismo ha reducido la presencia económica imperial y ha provocado movimientos de resistencia antiimperialistas cada vez más amplios, a la vez que ha aumentado la lista de países inviables, inestables y caóticos que escapan al control imperial.
El imperialismo económico ha seguido obteniendo beneficios en partes de Europa, Asia, América Latina y África a pesar de las guerras imperiales y las sanciones económicas que el enormemente militarizado estado imperial ha llevado a cabo en otros lugares.
Sin embargo, la toma del poder en Ucrania por los militaristas estadounidenses y las sanciones a Rusia han erosionado el lucrativo comercio y las inversiones de la Unión Europea en Rusia. Bajo la tutela del FMI, la Unión Europea y Estados Unidos, Ucrania se ha convertido en una economía fuertemente endeudada, al borde de la quiebra, dirigida por cleptócratas totalmente dependientes de los préstamos del extranjero y la intervención militar.
Al priorizar las sanciones y el conflicto con Rusia, Irán y Siria, el estado imperial militarizado no ha conseguido profundizar y ampliar sus lazos económicos con Asia, América Latina y África. La conquista política y económica de Europa del Este y partes de la URSS ha perdido importancia. Las guerras perpetuas perdidas en Oriente Medio, el norte de África y el Cáucaso han mermado la capacidad del estado imperial para llevar adelante la construcción del imperio en Asia y América Latina.
La pérdida de riqueza, los costes internos de las guerras perpetuas, ha erosionado las bases electorales de la construcción del imperio. Solamente un cambio radical en la composición del estado imperial y una reorientación de sus prioridades para situar la expansión económica en el centro de las mismas podrían impedir el actual declive del imperio. El peligro está en que si el estado imperialista sionista militarista sigue interviniendo en guerras perdidas puede subir la apuesta y deslizarse hacia una confrontación nuclear: ¡un imperio entre cenizas nucleares!

Se ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes

viernes, 6 de marzo de 2015

Las consecuencias de la crisis petrolera 2a parte

Las consecuencias de la crisis petrolera 1a parte

Líquido ambarino

He visto un pequeño cántaro con líquido ambarino. Luminoso néctar, dulce y amargo. Espeso y claro, en cascada lo disuelvo sobre tu boca, hermoso guerrero, cubierto en metal y armado de poder. Invades hogares a discreción, mas irrumpiste en mi hogar, forzando mi lecho. Empero hombre sigues siendo, agotado por tus apetitos, obediente y fuerte cordero.
    Obedeces a tu amo, persona invisible tras paredes aureas. Ni Saladin hubiese encontrado mejor cordero. Empero aquel amo no os impide invadir, alienta apetitos cuyas lágrimas aumentan tu placer.

     He visto un pequeño cántaro dulce y amargo, ahora tu garganta arde mientras saboreo tus cantos de agonía. El brindis pasado te ha embriagado, tus hermanos gritan con dolor. Alientos ardientes con melodías agónicas. Los veo gritar, lejano al placer de voluptuosidades forzadas.

Hombre sigues siendo, tan frágil como flores de sepulcro. He sido bondadosa, incluso más que tu querido amo. En vez de morir en batalla, moriste por brandy azucarado con cianuro.

Los Rothschild, dueños de la ONU y amos del mundo


jueves, 26 de febrero de 2015

La agresión de Washington contra Venezuela no es ficción...Eva Golinger

Recientemente, varios portavoces del gobierno de Barack Obama han declarado con firmeza que el gobierno de Estados Unidos no está interviniendo en los asuntos internos de Venezuela. La portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, dijo el 19 de febrero 2015, "Las acusaciones hechas por el gobierno de Venezuela de que Estados Unidos está involucrado en la conspiración golpista y la desestabilización son infundadas y falsas". Psaki luego reiteró una declaración extrañamente errónea que había hecho durante una conferencia de prensa justo un día antes: "Estados Unidos no apoya las transiciones políticas por medios no constitucionales".
Cualquier persona con un conocimiento mínimo de América Latina y de historia mundial sabe que lo dicho por Psaki es falso. El gobierno estadounidense ha apoyado, alentado y promovido golpes de estado en América Latina y en todo el mundo durante más de un siglo. Algunos de los más notorios que han sido reconocidos abiertamente por expresidentes de Estados Unidos y funcionarios de alto nivel incluyen golpes de estado contra Mohammed Mossadegh en Irán en 1953, Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954, Patrice Lumumba en el Congo en 1960, Joao Goulart de Brasil en 1964 y Salvador Allende en Chile en 1973. Más recientemente, en el siglo XXI, el gobierno de Estados Unidos apoyó abiertamente los golpes de Estado contra el presidente Hugo Chávez en Venezuela en 2002, Jean Bertrand Aristide de Haití en 2004 y José Manuel Zelaya de Honduras en 2009. Una amplia evidencia de la participación de la CIA y otros organismos de Estados Unidos en todos estos derrocamientos inconstitucionales de gobiernos elegidos democráticamente abunda. Lo que todos los líderes derrocados tenían en común era su falta de voluntad para someterse a los intereses estadounidenses.
A pesar de las falsas afirmaciones del gobierno de Estados Unidos, después de que Hugo Chávez fuera elegido presidente de Venezuela por una abrumadora mayoría en 1998, y posteriormente se negó a recibir órdenes de Washington, se convirtió en un objetivo rápido de la agresión estadounidense. Después del fracaso del golpe de Estado apoyado por Estados Unidos que derrocó brevemente a Chávez en 2002, y su posterior rescate por millones de venezolanos y fuerzas armadas leales, Estados Unidos aumentó la hostilidad hacia la nación rica en petróleo. Después del fallecimiento de Chávez en 2013, su sucesor electo democráticamente, Nicolás Maduro, se convirtió en víctima de los ataques del norte.
Lo que sigue es un breve resumen y una selección de más de una década de agresión de Estados Unidos hacia Venezuela que muestra claramente una guerra unilateral. Venezuela nunca ha amenazado o tomado ningún tipo de medidas para dañar a Estados Unidos o sus intereses. Sin embargo, Venezuela, tanto bajo Chávez y Maduro - dos presidentes que han ejercido la soberanía de Venezuela y el derecho a la auto determinación - ha sido víctima permanente de acciones continuas, hostiles y cada vez más agresivas de Washington.
2002-2004
Un golpe de Estado contra el Presidente Hugo Chávez se llevó a cabo el 11 de abril de 2002. Documentos obtenidos bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA) en Estados Unidos evidencian un claro papel del gobierno estadounidense en el golpe de Estado, así como su apoyo financiero y político para aquellos venezolanos involucrados.
Los documentos evidencian también que altos funcionarios de Washington sostuvieron reuniones con Pedro Carmona, quien asumió el poder de manera ilegítima luego de derrocar al Presidente Chávez durante el golpe. La Embajada de Estados Unidos en Caracas calificó a Carmona como el “hombre correcto para el momento correcto en Venezuela”, en un documento redactado en diciembre 2001.
La National Endowment for Democracy (NED), agencia pública de Estados Unidos, canalizó más de 2 millones de dólares durante los 6 meses antes del golpe a los partidos políticos, organizaciones y grupos empresariales venezolanos  que estuvieron involucrados en el golpe de Estado.
Los agregados militares de Estados Unidos que trabajaban en Venezuela estuvieron en contacto directo con los militares venezolanos que participaron en el golpe de Estado.
Documentos ultrasecretos de la CIA obtenidos en mis investigaciones usando FOIA evidenciaron que la CIA tenía en sus manos los planes detallados del golpe de Estado desde el 6 de abril del 2002.
El embajador de Estados Unidos en Venezuela, Charles Shapiro, mantuvo contacto permanente con todos los participantes en el golpe, incluso con el dueño del principal canal de televisión, Venevisión, canal que transmitió las imágenes manipuladas para justificar el golpe. Shapiro sostuvo reuniones con los dueños de los medios privados en Venezuela durante el día del golpe de Estado.
Horas después de secuestrar al Presidente Chávez e imponer un estado dictatorial en Venezuela, el vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, leyó un comunicado del Presidente George W. Bush apoyando al nuevo gobierno de facto y responsabilizando al Presidente Chávez por los sucesos violentos del golpe.
La prensa estadounidense, incluso el New York Times, publicó editoriales aplaudiendo el golpe y apoyando al gobierno de facto. [1]
Después del fracaso del golpe de Estado de abril 2002, el gobierno estadounidense entregó un fondo especial multimillonario a los grupos involucrados en el golpe a través de la NED, en junio 2002.
Ese mismo mes, la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos (USAID), abrió una Oficina de Iniciativas hacia una Transición (OTI) en Caracas, subcontratando a un contratista privado, Development Alternatives Inc (DAI), para canalizar más de 10 millones de dólares a grupos de la oposición.
Meses después, la oposición venezolana lanzó un paro nacional que duró 64 días y afectó toda la cadena de producción del país y casi destruyó la industria petrolera. Causaron más de 20 mil millones de dólares en daños a la economía venezolana y docenas de personas inocentes murieron por falta de acceso a servicios y productos básicos.
En diciembre 2002, el Departamento de Estado llamó para “elecciones anticipadas” en Venezuela, a pesar de que este concepto no existía en la constitución venezolana.
El 27 de febrero del 2004, grupos extremistas de la oposición venezolana iniciaron violentas protestas de calle con el objetivo de derrocar al gobierno del Presidente Hugo Chávez. Las protestas duraron 4 días y causaron la muerte de varias personas, múltiples heridos y un caos y desorden general en Caracas y otros centros urbanos.
Los líderes de estas protestas las llamaron las “guarimbas”, y admitieron que habían recibido entrenamiento y asesoría del Instituto Alberto Einstein en Estados Unidos y sus fundadores, Gene Sharp y Roberto Helvey, un ex coronel del ejército de Estados Unidos. Sharp es el arquitecto de las llamadas “revoluciones de colores”, o golpes blandos, en el antiguo bloque soviético (Ucrania, Georgia, Kirguistán).
Referéndum revocatorio del 2004 : La NED y la USAID canalizaron cientos de miles de dólares a los organizadores del referéndum revocatorio en contra del Presidente Chávez, principalmente a través de la organización Súmate, liderada por la opositora María Corina Machado. Cuando perdieron el referéndum, acusaron al gobierno venezolano de haber cometido fraude y hasta la fecha no han retractado su postura, pero tampoco han presentado pruebas reales para fundamentar sus denuncias.
2005
Después de la victoria del Presidente Chávez en el referéndum revocatorio del 2004, el Gobierno de Estados Unidos endureció su postura hacia Venezuela y aumentó sus agresiones públicas contra el gobierno venezolano. Aquí hay una selección de algunas declaraciones de funcionarios estadounidenses sobre Venezuela:
Enero 2005: El Departamento de Estado lanza un ataque verbal contra Venezuela. “Hugo Chávez es una fuerza negativa en la región.” -Condoleezza Rice, Secretaria de Estado de Estados Unidos.
Marzo 2005: La CIA declara a Venezuela uno de los cinco principales “hot spots” del mundo. “Venezuela es uno de los países más inestables y peligrosos en América Latina.”  -Porter Goss, Director de la CIA.
El Pentágono declara a Venezuela como “amenaza”.  “Venezuela está comenzando una carrera armamentista peligrosa que amenaza la estabilidad regional.” -Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa.
El Comando Sur enfatiza su preocupación sobre Venezuela. “Estoy preocupado por la influencia de Venezuela en el área de responsabilidad... El Comando Sur apoya la posición del comando conjunto de mantener contacto ‘militar a militar’ con los militares venezolanos... necesitamos un enfoque inter-agencia de amplia base para tratar a Venezuela.” -General Bantz Craddock, Comandante del Comando Sur.
Julio 2005: “Cuba y Venezuela están en una campaña de desestabilización en América Latina... No hay duda que el Presidente Chávez está financiando fuerzas radicales en Bolivia.” -Rogelio Pardo-Maurer, Subsecretario de Defensa Adjunto para el Hemisferio Occidental.
“Venezuela y Cuba están promoviendo el radicalismo en la región... Venezuela trata de subvertir los gobiernos democráticos en la región e impedir a CAFTA.” -Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa.
Agosto 2005: Relacionan a Venezuela con el terrorismo. “El territorio venezolano es un área seguro para terroristas colombianos.” Tom Casey, vocero del Departamento de Estado.
Septiembre 2005: Relacionan a Venezuela con el narcotráfico. “El problema de trabajar con el Presidente Chávez es serio y continuo, como lo es en otras partes de la relación.” -John Walters, Director de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas.
Noviembre 2005: Acusan al gobierno de Venezuela de violar los derechos humanos. “El asalto a las instituciones democráticos en Venezuela continúa y el sistema se encuentra en grave peligro.” -Thomas Shannon, Subsecretario de Estado.
2006
Febrero 2006: El Jefe de Inteligencia de Estados Unidos declara al Presidente Chávez “una amenaza”. “El Presidente Chávez sigue utilizando su control para reprimir la oposición, reducir la libertad de prensa y restringir la democracia... es una amenaza.” -John Negroponte, Director Nacional de Inteligencia.
El Pentágono compara al Presidente Chávez con Hilter. “Tenemos a Chávez en Venezuela con mucho dinero procedente del petróleo. Es una persona que ha sido elegido legalmente, al igual que Adolfo Hitler...” - Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa.
Marzo 2006: “En Venezuela, un demagogo repleto de dinero proveniente del petróleo está socavando la democracia e intentando desestabilizar la región.” –Presidente George W. Bush.
Intentan vincular a Venezuela con el Terrorismo
Junio 2006: “La cooperación de Venezuela en la campaña internacional contra el terrorismo siguió siendo insignificante...No está claro hasta qué punto el gobierno de Venezuela ofreció apoyo material a los terroristas colombianos.” -Informe Anual sobre Terrorismo, Departamento de Estado.
Estados Unidos imponen sanciones contra Venezuela por “no colaborar suficientemente en la lucha contra el terrorismo” y prohíben la venta de armamento y equipos militares a Venezuela. (Nota: Esta sanción ha sido renovado por el Gobierno de Estados Unidos cada año hasta la fecha).
Julio 2006: “Venezuela, bajo el presidente Hugo Chávez, ha tolerado a los terroristas en su suelo...” -Subcomité sobre Terrorismo Internacional, Cámara de Representantes.
Aumento en Presencia Militar
Marzo-Julio 2006: Estados Unidos realizan 4 maniobras militares por las costas de Venezuela en el Mar Caribe, con apoyo de la OTAN y con sede en la base militar de Estados Unidos en Curazao. Establecen una presencia militar permanente en la República Dominicana y aumentan su capacidad y presencia militar en Curazao y Aruba.
Aumenta la Subversión
La Embajada de Estados Unidos en Caracas establece los “American Corners” (Rincones Americanos) en cinco estados en Venezuela (Lara, Monagas, Bolívar, Anzoátegui, Nueva Esparta) como sedes de propaganda, subversión, financiamiento a grupos opositores, espionaje e infiltración.
El Embajador de Estados Unidos en Caracas, William Brownfield, intensifica su hostilidad pública hacia el gobierno venezolano a través de los medios de comunicación.
La NED y USAID aumentan su financiamiento a grupos anti-gubernamentales en Venezuela.
El Gobierno de Estados Unidos crea la Misión Especial de Inteligencia para Venezuela y Cuba, una división de la Dirección Nacional de Inteligencia de Washington dedicada solamente a ambos países.
2007
Mayo 2007: Venezuela está severamente atacado en los medios de comunicación internacionales y por los voceros del gobierno de Estados Unidos por su decisión de nacionalizar CANTV (la principal compañía telefónica nacional), la Electricidad de Caracas y los campos petrolíferos de la Faja del Orinoco.
El ataque se intensifica cuando el gobierno decide no renovar la concesión de radiodifusión pública de la popular estación de televisión de la oposición, RCTV.
Una poderosa campaña de medios de comunicación internacionales se inicia en contra de Venezuela y el Presidente Chávez, refiriéndose a él como un dictador.
Distribuidores privadas empiezan a acaparar los alimentos y otros productos básicos de consumo con el fin de crear escasez y pánico entre la población.
USAID, la NED y el Departamento de Estado a través de la Embajada en Caracas fomentan, financian y promueven el surgimiento de un movimiento juvenil de la derecha y ayudan a proyectar su imagen favorable ante la comunidad internacional con el fin de distorsionar la percepción de la popularidad del presidente Chávez entre los jóvenes.
Grupos como Human Rights Watch, la Asociación Interamericana de Prensa y Reporteros sin Fronteras acusan a Venezuela de violar los derechos humanos y la libertad de expresión.
Junio: Washington ratifica la clasificación de Venezuela como un país que no colabora en la lucha contra el terrorismo y mantienen la sanción en su contra. 
Septiembre: El Gobierno de Estados Unidos clasifica a Venezuela como un país “no cooperante” con la lucha anti-droga, por tercer año consecutivo.
La Secretaria de Estado Condoleezza Rice declara que están “preocupados por el populismo destructivo” de Chávez.
2008
Enero: El Almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, se reúne con el Presidente Álvaro Uribe, el (entonces) Ministro de Defensa Juan Manuel Santos, el Embajador estadounidense William Brownfield y el Comandante General de las Fuerzas Armadas Colombianas General Fredy Padilla de León y declara en rueda de prensa que está “preocupado por la compra de armas por parte de Chávez” y expresa que esto pudiera “desestabilizar la región.” Muestra su completo respaldo a Colombia y Uribe.
John Walters, el Czar Anti-Droga de Estados Unidos se reúne con Uribe en Colombia, junto con 5 congresistas de EEUU y el Embajador Brownfield, y declaran a Venezuela como un país “cómplice con el narcotráfico” que presenta “una amenaza para Estados Unidos y la región”.
El Presidente George W. Bush en su discurso ante la nación destaca la importancia de ratificar el TLC con Colombia y alerta ante la amenaza de gobiernos “populistas” y “no democráticos” en la región.
Febrero: El Comando Sur envía la “4ta flota” de la Armada al Mar Caribe (un grupo de buques de ataque, submarinos y porta aviones que no habían estado en éste hemisferio desde la Guerra Fría).
Febrero: El Departamento del Tesoro de Estados Unidos califica a los venezolanos el General Henry Rangel Silva (director de inteligencia SEBIN), el General Hugo Carvajal (director de la inteligencia military) y el ex Ministro de Interior y Justicia de Venezuela, Ramón Rodríguez Chacin, como “narcotraficantes” e impone sanciones contra los tres.
El Director Nacional de Inteligencia, General Mike McConnell, publica el Informe Anual de Amenazas donde clasifica a Venezuela como la “principal amenaza contra Estados Unidos en el hemisferio”.
Exxon-Mobil intenta “congelar” $12 mil millones de dólares de Venezuela en Londrés, Holanda y las Antillas Holandesas debido a una disputa no resuelta contra el Gobierno de Venezuela.
Informe de Amenazas de Seguridad Nacional Actuales y Proyectas de la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa señala a Venezuela como “una amenaza a la seguridad de Estados Unidos.”
El informe anual sobre el narcotráfico del Departamento de Estado acusa a Venezuela de ser un país de “tránsito de drogas”, “lavado de dinero” y “cómplice con el narcotráfico.”
El Contraalmirante Joseph Nimmich, director de la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial del Sur de Estados Unidos, se reúne en Bogotá con el Comando General de las Fuerzas Militares colombianas.
Marzo: El ejército colombiano invade al territorio ecuatoriano y mata a Raúl Reyes más otra docena de personas en la selva fronteriza.
El General Jorge Naranjo, Comandante de la Policía Nacional de Colombia, declara que computadores que rescataron del bombardeo contra Reyes y su equipo evidencian que el Presidente Chávez dio más de $300 millones de dólares a las FARC y una cantidad de uranio y armamento. También acusa a Ecuador de apoyar a las FARC.
Venezuela moviliza tropas a la frontera con Colombia.
Estados Unidos envían el portaaviones “Harry Truman” al Mar Caribe para realizar maniobras a manera de prevenir potenciales ataques terroristas y eventuales conflictos en la región.
El Presidente Bush declara que Estados Unidos defenderá a Colombia ante las “provocaciones” de Venezuela.
El Presidente Uribe declara que llevará una denuncia contra el Presidente Chávez ante la Corte Penal Internacional por “patrocinio de genocidio y terrorismo”.
La NED y USAID siguen aumentando su financiamiento a grupos anti-gubernamentales en Venezuela.
2009
Mayo: Un documento de la Fuerza Aérea de Estados Unidos revela la construcción de una base militar de Estados Unidos en Palanquero, Colombia, para combatir a los gobiernos “antiestadounidenses” en la región. La base en Palanquero forma parte de las 7 bases militares que Estados Unidos había acordado construir en Colombia bajo un acuerdo con el gobierno colombiano durante los siguientes 10 años.
2010
Febrero: El Director Nacional de Inteligencia nombra a Venezuela en su informe sobre las principales amenazas a nivel mundial como el “líder anti-estadounidense” en la región.
El Departamento de Estado solicita más de 15 millones de dólares a través de la NED y USAID para grupos anti-gubernamentales en Venezuela.
Junio: Un informe del Instituto FRIDE de España, financiado por la NED, evidencia que agencias internacionales canalizan entre 40-50 millones de dólares al año a grupos anti-gubernamentales en Venezuela.
Septiembre: Washington ratifica las sanciones contra Venezuela por no cooperar con la lucha anti-droga y por no cooperar con la lucha anti-terrorista.
2011-2015
El Presidente Obama autoriza un fondo especial de 5 millones de dólares en su presupuesto anual para apoyar a grupos anti-gubernamentales en Venezuela. Para el año 2015, Obama aumenta esta cifra a 5.5 millones de dólares.
La NED sigue financiando a grupos anti-gubernamentales en Venezuela con acerca de 2 millones de dólares anualmente.
Cada año, el Gobierno de Estados incluye a Venezuela en sus listas de países que no cooperan con la lucha anti-droga y los que no cooperan con la lucha anti-terrorista. También en su informe anual sobre derechos humanos, califican al Gobierno de Venezuela como “violador” de los derechos humanos.
Después del fallecimiento del Presidente Chávez de cáncer el 5 de marzo de 2013, las nuevas elecciones se llevan a cabo y Nicolás Maduro gana la presidencia. Líderes de la oposición sostienen violentas manifestaciones que resultan en la muerte de más de una docena de personas.
En febrero de 2014, las protestas violentas se reanuden, dirigidas por Leopoldo López y María Corina Machado, quienes abiertamente piden el derrocamiento del presidente Maduro a través de su plan “La Salida”, y más de 40 personas son asesinadas. López se entrega a las autoridades y se enfrenta a cargos por su papel en la violencia. El gobierno de Estados Unidos pide su liberación inmediata.
En 2014, el Presidente Obama impone sanciones contra más de 50 funcionarios venezolanos y sus familiares, acusándolos de violar a los derechos humanos e incurrir en actos de corrupción. No han presentado pruebas hasta la fecha para fundamentar esas graves acusaciones. También el Departamento del Comercio amplia las sanciones contra Venezuela, prohibiendo la venta de “cualquier producto” para “fines militares”, debido a presuntas violaciones de derechos humanos cometidas por las Fuerzas Armadas venezolanas.
Enero 2015: El Vice Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, alerta a los países caribeños que el gobierno del Presidente Nicolás Maduro pronto será “derrotado”, y deberían dejar a PetroCaribe.
La portavoz del Departamento de Estado, Jan Psaki, condena la supuesta "criminalización de la disidencia política" en Venezuela durante una rueda de prensa.
Febrero 2015: El Presidente Obama presenta su nueva Estrategia de Seguridad Nacional y nombra a Venezuela como una amenaza y destaca su apoyo para “los ciudadanos” venezolanos que viven en un país en donde “la democracia está en riesgo”. 
Líderes antigubernamentales circulan un documento promoviendo un "Acuerdo Nacional Para Una transición", que advierte que el gobierno del presidente Maduro se encuentra en su "fase terminal" y detalla su plan para derribar el actual estado y sustituirlo por un modelo pro-empresarial neoliberal. El documento está firmado por María Corina Machado, Leopoldo López y Antonio Ledezma, el alcalde metropolitano de Caracas.
Días después, un plan golpe de Estado contra el presidente Nicolás Maduro se descubre y 10 militares venezolanos son detenidos. Antonio Ledezma es arrestado y acusado de conspiración para derrocar al gobierno y el Departamento de Estado de Estados Unidos emite una dura condena sobre su detención, pidiendo a los gobiernos regionales a tomar medidas contra el gobierno de Maduro.
El portavoz de la Casa Blanca Josh Earnest niega cualquier papel del gobierno de Estados Unidos en el intento de golpe de Estado contra Maduro, llamando a esas acusaciones "absurdas", pero también revela, "El Departamento del Tesoro y el Departamento de Estado están considerando herramientas disponibles que podrían dirigir mejor al gobierno venezolano en la dirección que creemos que debe estar dirigido".
[1] Todos estos documentos y pruebas están disponibles en el libro, “El Código Chávez: Descifrando la intervención de Estados Unidos en Venezuela”, por Eva Golinger. Monte Ávila Editores, 2006.